La industria alimentaria añade aditivos a los alimentos para prolongar su conservación o mejorar sus aspecto o cualidades. Desde un punto de vista toxicológico son seguros si se utilizan en las cantidades y en la forma contempladas en la legislación. Sin embargo, concretamos algunos aspectos sobre su inocuidad.

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Bulos, denominaciones alejadas del lenguaje habitual y las cada vez más extendidas fobias a lo químico pueden hacer que el consumidor desconfíe de la seguridad de algunos aditivos alimentarios que se utilizan en los productos de consumo diario.

¿Y qué son exactamente los aditivos alimentarios? Se trata de sustancias que se añaden a los alimentos con el objetivo de mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura o su aspecto. Se utilizan desde hace siglos, concretamente, desde que el hombre aprendió a conservar alimentos (sal para carnes como el tocino y los pescados secos) o también para realzar su atractivo (los egipcios usaban colorantes y aromas).

Tipos de aditivos alimentarios

En la actualidad, se usan miles de aditivos con funciones específicas. Pueden obtenerse a partir de plantas, animales o minerales o producirse sintéticamente y la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) los clasifican en tres grandes categorías:

  1. Aromatizantes: se añaden para mejorar el sabor o el olor de los alimentos. Los hay naturales (frutos, mezclas de especies y sustancias derivadas del vino y las hortalizas) e imitadores de los sabores naturales.
  2. Preparaciones de enzimas: pueden no estar presentes en el producto alimenticio final y tienen diversas funciones (mejorar la masa, aumentar el rendimiento, mejorar la fermentación y la formación de la cuajada, etc.).
  3. Otros aditivos: se utilizan para conservar, dar color o edulcorar. Se añaden durante la preparación, envasado, transporte o almacenamiento del alimento y son un ingrediente del producto final.

En la Unión Europea, la denominación de los aditivos alimentarios viene acompañada por números y la letra E. Por ejemplo: estabilizante (E-339) o colorantes (E-100, E-160b). Pero este sistema solo es una forma de clasificación e indica que ese aditivo ha sido aprobado por la Unión Europea. Además, a través de ese formato, etiquetan los aditivos permitidos en todos los idiomas de la Unión.

Seguridad de los aditivos alimentarios

Según el Consejo Europeo de Información Alimentaria (EUFIC) y la OMS, los aditivos son necesarios en la producción y abastecimiento alimentario actual. Como consumidores, exigimos variedad, disponibilidad y seguridad y estas expectativas tan solo se satisfacen utilizando las nuevas tecnologías de transformación de alimentos.

Con todo, el EUFIC asegura que, antes de autorizar su uso, todos los aditivos alimentarios deben someterse a una valoración científica rigurosa y completa que garantice su seguridad. Por tanto, utilizar aditivos alimentarios solo está justificado si:

  • Hay una necesidad tecnológica.
  • No se induce a error al consumidor.
  • Tiene una función tecnológica bien definida, como la de conservar la calidad nutricional de los alimentos o mejorar su estabilidad.

Seguridad e inocuidad de los aditivos alimentarios

Los expertos aseguran que los aditivos alimentarios son seguros desde un punto vista estrictamente toxicológico, siempre y cuando se usen en las cantidades y en la forma contemplada en la legislación.

Aun así, su seguridad no evita el hecho de que haya algunos aditivos que no sean inocuos y puedan desencadenar problemas de una forma indirecta si se combinan con una mala técnica culinaria. El tecnólogo alimentario y dietista-nutricionista, Aitor Sánchez, explica un ejemplo relacionado con los nitratos y nitritos, utilizados especialmente en embutidos y otras carnes procesadas para que no crezcan bacterias: “Si las calentamos a la plancha, a la brasa o a la barbacoa, se forman las nitrosaminas, un compuesto tóxico y cancerígeno para nuestro organismo”.

En cuanto a aquellos aditivos que modifican el sabor o la apariencia de los alimentos, la duda está en cuál es la cantidad necesaria para añadir un potenciador de sabor, un edulcorante o un colorante. Sánchez explica que, según la legislación, los aditivos solo deben usarse en las cantidades estrictamente necesarias y es deseable hacerlo en aquellos alimentos como los conservantes (para no ponernos enfermos por una toxiinfección) o los antioxidantes (para conservar las propiedades y que no se deteriore).

Sin embargo, tal y como asegura Aitor Sánchez, en el caso de lo organoléptico, la legislación es matizable porque no hay una cantidad necesaria. Son aditivos que tienen la función de mejorar y enmascarar propiedades, no tanto la de protegernos. Y suelen ir introducidos en alimentos que no son sanos.

Recuerda que una dieta saludable implica aumentar la cantidad de frutas y verduras que consumimos a diario y mejor si son de temporada y de proximidad, ya que potenciamos la variable sostenibilidad. Y, si tienes cualquier duda sobre los alimentos y el tipo de alimentación que llevas, consulta con un nutricionista.

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Fuentes:

  • Consejo Europeo de Información Alimentaria (EUFIC)
  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Aitor Sánchez (blog personal sobre Nutrición y Dietética Mi Dieta Cojea y blog de RTVE #NutricionRTVE)
  • Juan Revenga, blog El Nutricionista de la General