Dieta Francesa

Cuando pensamos en alimentos franceses nos viene a la cabeza, quesos fantásticos, bollería deliciosa y exquisitos patés, entre otros manjares suculentos. Y es que la cocina francesa es una de las más apreciadas en el mundo. Sin embargo, Francia tiene un índice de obesidad entre su población muy por debajo de países de su entorno, tan solo un 11%. Ese es un logro digno de estudio. ¿No te parece?

Resulta que la clave no es tan difícil de averiguar. La base de la dieta de los franceses es una alimentación saludable que tiene como guía la dieta mediterránea, dieta equilibrada y sana por excelencia.

Descubre en AXA Health Keeper a nuestros endocrinos y nutricionistas que te den las claves para comer bien. Regístrate y conócenos.

¿En qué consiste la dieta francesa?

En realidad son consejos dietéticos saludables que podemos seguir sin dificultad pero que tienen muy en cuenta que una dieta que simplemente restringe calorías no sirve para adelgazar, porque al igual que pasa cuando prolongamos el ayuno y nos saltamos una comida, reducir las calorías solo consigue que nuestro organismo se vuelva conservador y gaste menos energía, de forma que el efecto no será el deseado.

  • Come alimentos de verdad. Esto significa primar los alimentos naturales por encima de los procesados. Se consigue así que haya menos grasa trans y azúcares refinados, que aportan muchas calorías y pocos nutrientes.
  • Alimentos de calidad. Una comida de calidad tiene menos peligro de contener alimentos químicos que modifiquen el sabor o la textura de forma artificial.
  • Cuida la cantidad. Hemos dicho que no basta con reducir calorías, pero es seguro que si comes en platos más pequeños, pero de todo, te saciarás igual, pero habrás ingerido las calorías justas que tu cuerpo necesita.
  • No picotees. Come cinco veces al día, pero evita un snack por aquí, un aperitivo por allá, de modo que te pasas el día comiendo. Si comes cinco veces no llegarás con tanta hambre a las comidas principales y evitarás tentaciones.
  • Come de todo. No elimines ningún alimento de tu dieta. Come de todo de forma que tus menús sean lo más variados posibles.
  • Come sentado. No comas de pie o tu cerebro no entenderá que estás alimentándote y tu sensación de saciedad llegará demasiado tarde.
  • Cuida lo que bebes. El vino es una bebida muy popular en Francia, pero se bebe con moderación, de modo que un vaso en cada comida es suficiente. Aun así, acompaña también con agua tus comidas y toma al menos 8 vasos cada día. El agua no sólo engaña al hambre, sino que acelera el tránsito y produce saciedad.

Michel Montignac es un autor francés de libros sobre nutrición en los que recomienda un método que se ha puesto muy de moda en Francia y que consiste en cuidar el índice glucémico de las comidas. Es decir, aquellos alimentos con alto índice glucémico, que aumentan la producción de insulina y animan al cuerpo a acumular grasas en vez de quemarlas. Entre los carbohidratos, las harinas refinadas, el azúcar, o las patatas estarían en ese grupo. Sin embargo, los cereales integrales, las legumbres, la pasta, el arroz, las frutas y los vegetales tienen un índice glucémico bajo que incrementa la quema de grasas.

Montignac explica en su método que deben primar los alimentos con un índice glucémico bajo, los alimentos con grasas poliinsaturadas y las proteínas vegetales, sin impedir la ingesta del resto de alimentos pero siempre con moderación y combinados adecuadamente. De este modo se consigue el equilibrio.

creme brulé-recetas francesas

Atento a estas dos recetas saludables francesas

  1. Pechuga de pollo Cordon Blue: 
    Sazona las pechugas con sal y pimienta. Rellénales con jamón cocido y queso manchego, y pásalas por harina, huevo y pan rallado. Fríe en una sartén con aceite de oliva y déjalas sobre papel de cocina. En una olla, calienta mantequilla, queso de untar, lecha y pimienta. Deja cocer unos cinco minutos. Sirve las pechugas con la salsa por encima. Es un plato delicioso y con proteínas. Acompaña de una ensalada para aligerar el conjunto.
  2. Creme Brùlée.
    Calienta el horno a 150 grados. Coloca 6 yemas de huevo, 4 cucharadas de azúcar y media cucharada de extracto de vainilla. Bate todo hasta conseguir una crema. Calienta dos tazas de crema de leche hasta que hierva, y retira del fuego. Añade la crema de huevos y vuelve a batirlo todo. Pasa la mezcla a una olla y pon al baño de María a fuego bajo durante 3 minutos. Retira y pon en un recipiente para horno. Hornea 30 minutos. Retira, deja que temple y guarda toda la noche en nevera. Vierte por encima azúcar glas o azúcar moreno y quema con un quemador hasta que se haga una capa crujiente. Deja que enfríe de nuevo. Este postre es para una ocasión especial, pero sus ingredientes son sanos y está de muerte!! 😉

En Axa Health Keeper encontrarás consejos saludables como estos. Búscalos.