La bronquitis asmática es una enfermedad respiratoria que se caracteriza por la inflamación de las vías aéreas, los bronquios. Las infecciones respiratorias virales, los alérgenos y los cambios meteorológicos son algunos factores que pueden desencadenar esta dolencia. La mayoría de casos se recuperan con tratamiento médico.

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Cada vez que respiras, el aire entra por la nariz y la boca, pasa por la garganta y por los tubos bronquiales. Estos deben estar abiertos para que el aire llegue a los pulmones, donde el oxígeno pasa a la sangre para ser transportado a los tejidos. Si las vías respiratorias están inflamadas, el aire tiene más dificultad para llegar a los pulmones. Con frecuencia, aparece tos o sensación de peso en el pecho.

Con motivo del Día Mundial del Asma (el primer martes de mayo), hoy analizamos qué es la bronquitis asmática, con el objetivo de visibilizar la importancia de los tratamientos y las medidas de control ambiental.

Bronquitis y asma, enfermedades respiratorias

La bronquitis y el asma son dos afecciones inflamatorias de las vías respiratorias. La bronquitis es una inflamación de las paredes de las vías respiratorias causada por infecciones virales o bacterianas o por la exposición a irritantes ambientales.

El asma es una afección inflamatoria que provoca el estrechamiento de los músculos que rodean las vías respiratorias. Provoca episodios recurrentes de sensación de falta de aire (disnea), “pitos” en el pecho (sibilancias) y sensación de opresión.

El asma bronquial o bronquitis asmática es una obstrucción ocasional y reversible de estas vías aéreas que, si no se trata adecuadamente, puede llevar a una obstrucción permanente. El taponamiento bronquial se produce por la hiperreactividad bronquial, es decir, por un estrechamiento exagerado de las vías aéreas ante un estímulo determinado.

Cuáles son los factores de riesgo y los factores desencadenantes

La hiperreactividad bronquial se produce por una alta sensibilidad de las vías aéreas a estímulos que, en condiciones normales, son inocuos. Se trata, según la Sociedad Española de Medicina Interna, de factores de riesgo y desencadenantes como:

Factores de riesgo (agentes relacionados con la aparición de la enfermedad):

  • Alérgenos
  • Factores nutricionales
  • Tabaco y contaminación

Factores desencadenantes (actúan sobre el paciente asmático provocando síntomas):

  • Infecciones respiratorias virales
  • Irritantes como aerosoles
  • Emociones fuerte o ejercicio físico intenso
  • Cambios meteorológicos
  • Alérgenos alimentarios y ambientales

Distinguimos dos tipos de asma bronquial:

  • Alérgico (o extrínseco): provocado por la inhalación de ciertos alérgenos en personas susceptibles genéticamente. Los más habituales suelen ser pólenes de gramíneas, ácaros de polvo doméstico, epitelios de animales y esporas de hongos, que provocan una reacción de hipersensibilidad, mediada por la Inmunoglobulina E (IgE).
  • No alérgico (o intrínseco): suele darse en personas mayores de 35 años, que carecen de antecedentes y cuyas pruebas de hipersensibilidad a los alérgenos son negativas.

Síntomas de la bronquitis asmática

Los síntomas de la bronquitis asmática más frecuentes suelen ser:

  • Sibilancias: son los conocidos “pitos” en el pecho cuando respiramos.
  • Tos: los episodios de tos son más persistentes durante la madrugada.
  • Disnea: dificultad para respirar y sensación de ahogo cuando respiramos.

Estos síntomas acostumbran a aparecer durante la noche y las primeras horas de la mañana, pero también pueden aparecer de manera esporádica, a cualquier hora del día.  Aunque en algunos casos pueden revertir de manera espontánea, la mayoría de molestias desaparecen con el tratamiento médico.

Pruebas para el asma bronquial

El médico tendrá que realizar diferentes pruebas,  en función de la historia clínica y la exploración física, con el fin de acertar el diagnóstico:

  • Espirometría: prueba que permite medir la función pulmonar. Consiste en soplar con fuerza por un tubo para ver cuánto aire sale del pecho y a qué velocidad. Detecta si hay déficit obstructivo.
  • Pruebas radiológicas: normalmente se realizan radiografías del tórax y de los senos paranasales.
  • Medición de flujo pico respiratorio (peak flow): aunque no tiene valor diagnóstico, sí es útil para que el paciente conozca el grado de obstrucción bronquial y, si es necesario, utilizar un broncodilatador.
  • Pruebas de alergia: se pueden realizar a través de una prueba cutánea o un análisis de sangre. Permiten identificar la alergia al polvo, al moho, al polen o a las mascotas. En el caso de que se identifiquen desencadenantes de alergia, el médico puede recomendar inmunoterapia con alérgenos.

Cuál es el tratamiento

El tratamiento del asma suele ser farmacológico con broncodilatadores y antiinflamatorios (corticoides). En el caso del alérgico, se añade la inmunoterapia específica (vacunas para la alergia).

Los broncodilatadores de acción prolongada se usan por la mañana y por la noche cada día, con o sin síntomas. Los broncodilatadores de acción corta, en cambio, se usan en caso de que aparezcan síntomas como sensación de ahogo o de tos.

Dependiendo de la respuesta al tratamiento, el médico ajustará las dosis si es necesario. Es importante hacer un seguimiento estrecho de los pacientes para el control de la enfermedad, ya que los síntomas pueden cambiar con el tiempo.

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