Casi una cuarta parte de los enfermos de COVID-19 (con diagnóstico confirmado o sin él) experimentan al cabo de cuatro semanas el inicio de los síntomas, un conjunto de síntomas multiorgánicos que persisten pasado un tiempo. Estos síntomas son muy variados: van desde tos o falta de aire a fatiga, dolor de cabeza, pérdidas de memoria o diarrea.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Un estudio reciente del King’s College de Londres, que todavía está esperando la revisión por pares, encontró que los pacientes que experimentaron más de cinco síntomas durante la primera semana de su enfermedad eran significativamente más propensos a desarrollar un COVID-19 persistente.

El estudio examinó a más de 4.000 pacientes con coronavirus en Suecia, Reino Unido y Estados Unidos pidiéndoles que registraran sus síntomas en una aplicación. De esta forma, los investigadores han identificado cinco síntomas que anuncian un caso persistente más que otros: fatiga, dolor de cabeza, dificultad para respirar, voz ronca y dolores musculares o corporales.

La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia ha elaborado una infografía que recopila los síntomas persistentes más frecuentes. Entre ellos están la tos y también síntomas neurológicos (pérdidas de memoria o niebla cerebral), circulatorios (hipertensión o taquicardias) o digestivos (diarrea o reflujo).

Suele ser común el cansancio “casi extremo”. Este síntoma imposibilita la realización de cualquier actividad ordinaria, alterando la vida desde el entorno familiar hasta el laboral, lo que agrava el problema, ya que a las manifestaciones sintomáticas se añade el efecto sobre su esfera emocional, provocando estados ansiosos e incluso depresión.

Los expertos explican que la causa del por qué algunas personas tardan tanto en recuperarse son variadas. Puede ser una carga de virus alta cuando hay respuesta inmunitaria débil, una reinfección, reacciones inmunes o inflamatorias y factores emocionales del estrés post traumático, si se ha estado en una UCI, por ejemplo.

Según el estudio del King’s College, el mejor indicador de un caso de COVID de larga duración es la edad. Alrededor del 22% de los participantes de 70 años o más reportaron síntomas a largo plazo, comparado con el 10% de las personas de 18 a 49 años. Los participantes con un índice de masa corporal (IMC) más alto también eran más propensos a desarrollar un COVID-19 persistente.

Aunque el sexo no es un factor de predicción tan fuerte para un caso de COVID prolongado, se ha encontrado que las mujeres en los grupos de edad más jóvenes eran más propensas a sufrir esta prolongación de los síntomas que los hombres.

Los científicos no han determinado exactamente por qué, pero los estudios han demostrado que las mujeres pueden desarrollar una reacción de células T más robusta. Estas son las células que tienen memoria y que fabrican anticuerpos contra el virus cuando vuelven a entrar en contacto con él.

Otros estudios, por el contrario, han señalado para la diferencia entre sexos, factores de comportamiento como que los hombres comen de forma menos nutritiva que las mujeres, son más propensos a fumar cigarrillos o más reticentes a usar máscaras o a lavarse las manos.

Pautas para recuperarse de la COVID19 persistente. Pilates

Pautas para recuperarse de la COVID19 persistente

Muchos pacientes con COVID19 persistente son jóvenes y fuertes, lo que ha llevado a que fueran tratados erróneamente de hipocondríacos. Lo cierto es que muchos se han recuperado al cabo de unos 6 meses de forma espontánea con apoyo de remedios tradicionales, tratamiento de los síntomas de dolor o inflamación, descanso y un aumento gradual de la actividad física.

Para abordar este problema de síntomas persistentes lo primero que hay que hacer es descartar otras enfermedades concomitantes o preexistentes. Una vez hecho esto, entidades como el Servicio Nacional de Salud Británico, recomiendan un abordaje práctico y flexible de los síntomas:

  • Oxímetro casero para medirse el pulso y la capacidad respiratoria
  • Paracetamol o ibuprofeno para la fiebre y el dolor
  • Ejercicio moderado tipo marcha ligera o Pilates al menos tres veces por semana durante un mes y medio
  • Hidratarse adecuadamente para controlar la tos y la congestión
  • Aprender ejercicios para mejorar la respiración y limpiar el pecho
  • Vuelta al trabajo escalonada
  • Aprender a relajarse y reforzar las redes de socialización.
  • Acudir al médico si aparece dificultad para respirar, síntomas de corazón como taquicardia, temblores en las manos o el cuerpo o debilidad extrema.

Es también importante reconocer la necesidad de apoyo emocional, sobre todo, si hay ansiedad y ánimo bajo en casos en que se ha estado hospitalizado.

Fuentes: