Recuperarse de una lesión puede ser más complicado de lo que parece. No solo por la naturaleza de la propia lesión y sus consecuencias físicas, sino también por el desgaste emocional que puede acarrear si no se afronta de forma correcta. Una reacción psicológica adecuada puede ser clave en el proceso de recuperación. Te explicamos por qué tiene tanta relevancia en la recuperación saber cómo afrontar emocionalmente una lesión.

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Cualquier lesión deportiva puede ser un arma de doble filo con dos vertientes igual de importantes: la física y la psicológica. Hay que ser conscientes del reto que supone una lesión para cuerpo y mente, y mucho más ahora con la crisis mundial producida por la COVID-19, que está azotando a muchos países. La reacción emocional frente a una lesión es clave en la recuperación de la misma. Por ello, trazar un buen plan de recuperación con refuerzo psicológico puede ser la clave del éxito.

Consecuencias emocionales de las lesiones

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos ha publicado diversos estudios que demuestran científicamente que hacer deporte tiene beneficios psicológicos. Sin embargo, cuando se interrumpe la actividad física, esos beneficios desaparecen. La nueva situación afecta de lleno al estado de ánimo y, por tanto, repercute en la autoestima.

La gestión de las emociones comienza cuando se produce la lesión. A partir de ese momento se puede producir un bloqueo psicológico, apoyado en varios factores que aparecerán de repente en mayor o menor medida. El dolor, la preocupación o la incertidumbre son los más comunes.

Hasta cierto punto, esas sensaciones pueden ser normales. Sin embargo, si superan ciertos límites creando demasiadas inseguridades y miedos, se necesitará apoyo. La psicóloga  Rosa Coba, especialista en Neuropsicología Deportiva, fija cuando se debe actuar: “Si se superan los mecanismos de defensa naturales, entonces se debe intervenir a nivel psicológico”.

Como indicadores fiables para detectar cuando se supera esa frontera de la vulnerabilidad psicológica, según Coba, aparecen insomnio, ansiedad, depresión, pensamientos negativos o el miedo anticipatorio.

Como afrontar una lesion consecuencias

Fases de la recuperación emocional

El camino individual para superar las adversidades tras una lesión es diferente. Sin embargo, la recuperación emocional a la que se enfrenta el deportista pasa por unas fases concretas definidas por  varios investigadores como un ‘ciclo afectivo’.

En la primera fase (negación), no se reconoce el alcance de la lesión y puede haber hasta cierto optimismo. En la segunda (afecto negativo), se asume la lesión y sus consecuencias. Es aquí cuando aparecen los altibajos emocionales.

En la tercera fase (afrontamiento) se evalúan los recursos existentes, se establecen objetivos realistas de recuperación y cooperación con el equipo médico y se define el compromiso que debe adquirir el lesionado.

Según este mismo estudio, publicado por la Universidad de Bolonia, el apoyo emocional en la fase de recuperación puede reducir la ansiedad, la depresión, la tensión muscular, el estrés y las cogniciones negativas. A su vez, puede incrementar en un grado notable la confianza, la activación muscular y la capacidad psicológica para afrontar la lesión.

Herramientas para afrontar emocionalmente una lesión

Existen diferentes herramientas para redimir las consecuencias emocionalmente negativas. Enumeramos a continuación algunas de las más importantes:

  • Acceso a información rigurosa y veraz. Para reducir la incertidumbre y ver la situación de una forma realista en necesario tener acceso a toda la información sobre la lesión y sobre el propio proceso de recuperación. Esto reducirá la ansiedad y disipará posibles miedos por desconocimiento. Hay que tener clara la gravedad, la causa y el tipo de la lesión. Según Ernest Torra, psicólogo del deporte, “cuánto mejor informado y asesorado se esté, se podrá afrontar mejor la rehabilitación”. La fuente de información deberá ser directamente el equipo médico o fuentes fiables de instituciones u organizaciones.
  • Mentalidad positiva. La actitud positiva ayuda a asumir la realidad y realizar a la vez en la mente una estructuración de plazos de recuperación alcanzables. Así no se generan falsas expectativas y se evita la frustración.
  • Establecer objetivos. Tener metas concretas en la recuperación ayuda a tener más compromiso con uno mismo, aumenta la adherencia al tratamiento y favorece la motivación. Estos objetivos, resaltados por este estudio, favorecen el control del proceso e involucran a la persona afectada en su evolución.

De esta manera, el cuerpo y la mente irán de la mano para afrontar emocionalmente una lesión y conseguir un proceso de recuperación lo más óptimo posible.

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Fuentes