El hígado realiza más de 500 funciones esenciales para nuestro organismo. Además de la influencia de la genética, los problemas relacionados con el hígado también los pueden causar otros factores como los virus o el consumo de alcohol y la obesidad. Con el Día Mundial contra la Hepatitis cerca, te damos algunos consejos para reducir el riesgo de padecer una enfermedad hepática y saber cómo cuidar nuestro hígado.

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El hígado es un órgano del tamaño de una pelota de fútbol americano. Se trata de la víscera más voluminosa de nuestro organismo y está ubicada justo debajo de la caja torácica en el lado derecho del abdomen, debajo del diafragma. En una persona adulta su peso oscila entre 1.400 y 1.500 gramos.

Es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano y realiza más de 500 funciones. Cada día se encarga de producir bilis, convertir los nutrientes de la dieta, limpiar las toxinas de la sangre, descomponer las grasas, el alcohol y los medicamentos; controlar los niveles de azúcar y hormonas en la sangre, almacenar hierro y mucho más. Nadie puede vivir sin hígado.

Enfermedades del hígado

Al igual que otros órganos del cuerpo, el hígado no está exento de padecer enfermedades. Y, como órgano esencial en el funcionamiento del cuerpo, también requiere atención, ya que también puede dañarse y dejar de funcionar o evitar que trabaje bien.

Si bien una enfermedad hepática puede ser heredada (genética), existen otros factores que pueden dañarlo y causar problemas relacionados con el hígado: los virus, el consumo de alcohol y la obesidad. Así, existen muchos  tipos de enfermedades hepáticas:

  • Aquellas causadas por un virus: hepatitis A, B y C.
  • Las originadas por drogas, venenos o toxinas o por ingerir demasiado alcohol: enfermedad por hígado graso y cirrosis.
  • El cáncer de hígado: originado por células sanas que cambian y proliferan sin control, formando una masa llamada tumor.
  • Aquellas que son hereditarias: hemocromatosis (provoca un exceso de hierro en el cuerpo) y enfermedad de Wilson (cuando el organismo no puede deshacerse del cobre adicional).

Los síntomas de la enfermedad hepática varían, pero suelen incluir: hinchazón del abdomen y las piernas, aparición con cierta facilidad de moratones, cambios en el color de las heces y la orina y piel y ojos amarillentos o ictericia. Eso sí, en ocasiones no se perciben  síntomas.

Factores de riesgo de enfermedad hepática

Según los expertos de la Johns Hopkins Medicine, existen cinco factores de riesgo a la hora de desarrollar una enfermedad hepática:

  • Exposición a las toxinas: aunque el hígado es el encargado de limpiar las toxinas de la sangre, una sobreexposición a estas puede ser dañina. Por eso, es importante leer las etiquetas de advertencia de los productos químicos que usamos en casa y lavar las frutas y las verduras antes de consumirlas para asegurarnos de que no digerimos pesticidas.
  • Suplementos nocivos: aunque en la etiqueta de un suplemento indique la palabra “natural”, no significa que sea beneficioso tomarlo. Y es que muchas hierbas y suplementos se han asociado a daño hepático. Es más, tomar más de un medicamento o hierba que actúa sobre el hígado puede agravar el problema. Es importante informar al médico acerca de cada medicamento y suplemento que se toma, incluso los remedios ocasionales o de venta libre.
  • Demasiado alcohol: el hígado graso alcohólico, que causa inflamación del hígado (hepatitis alcohólica), cicatrización eventual (cirrosis) e incluso cáncer de hígado, es un proceso que comienza con tan solo cuatro bebidas al día para hombres y dos para mujeres. Para cuando muestre síntomas, su hígado puede sufrir daños irreparables. Aun así, quienes dejan de beber durante la etapa de hígado graso pueden revertir esta condición.
  • Obesidad, diabetes o colesterol alto: estas condiciones pueden causar enfermedad del hígado graso no alcohólico, que también puede conducir a cirrosis y cáncer de hígado. Al igual que con el hígado graso alcohólico, se puede revertir en la etapa “grasa” cortando carbohidratos simples como el pan y el azúcar y comiendo más frutas, verduras y proteínas.
  • La genética: que un miembro de la familia haya experimentado una enfermedad hepática puede convertirte en una persona más vulnerable a las afecciones hepáticas. Por ejemplo, la hepatitis B o C y la hemocromatosis son factores de riesgo para el cáncer de hígado.

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Estos son algunos consejos a mantener un saludable funcionamiento del hígado y reducir el riesgo de sufrir una enfermedad hepática:

  • Mantente al día con tus vacunas.
  • Lávate las manos con frecuencia, especialmente después de usar el baño, tocar mascotas y antes de comer.
  • Limita tu exposición a las toxinas (productos de limpieza, químicos y de tabaco).
  • Mantén tu colesterol dentro de un rango normal.
  • Si tienes diabetes, mantén tus azúcares en un rango normal.
  • No compartas agujas, maquinillas de afeitar, cepillos de dientes u otros artículos personales.
  • No fumes ni uses otros productos de tabaco.
  • Come una dieta sana y equilibrada y mantén un peso saludable.
  • Limita la cantidad de alcohol que bebes.
  • Ten cuidado al usar medicamentos. Informa siempre a tu médico qué tipo de medicamentos estás tomando, incluidos aquellos de venta libre.
  • Practica sexo seguro para reducir el riesgo de contraer hepatitis u otros problemas de salud.

Y, recuerda, ante cualquier duda o síntoma, acude a tu médico. Cuidar de tu hígado es cuidar de tu salud y bienestar, una cuestión de especial importancia en estos momentos en los que la COVID-19 nos ha puesto en peligro.

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Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Asociación Catalana de Pacientes Hepáticos (ASSCAT)
  • Johns Hopkins Medicine
  • Medline Plus (Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU.)
  • American Society of Clinical Oncology (ASCO)
  • Mayo Clinic