La gripe es una enfermedad infecciosa aguda, que puede ser grave para ciertos colectivos de riesgo: niños pequeños, embarazadas, personas de edad avanzada e individuos con enfermedades crónicas. Te contamos cómo se propaga y te proponemos una serie de medidas para evitar contagios.

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La gripe afecta cada año a millones de personas. Durante los siglos XX y principios del XXI, se han producido varias pandemias de gripe y, cada año, las epidemias de gripe estacional constituyen una amenaza. De hecho, hoy en día, los expertos consideran esta infección vírica como un problema de salud pública. Y, aunque en la actualidad la ciencia entiende mejor los virus gripales, estos evolucionan y mutan constantemente.

Esta enfermedad infecciosa aguda suele producir dolor de cabeza, fiebre, malestar general y dolores musculares y articulares generalizados. Síntomas que vienen acompañados en mayor o menor medida por otros respiratorios: tos, dolor de garganta y destilación nasal. Y, a veces, también pueden aparecer síntomas digestivos: dolor abdominal, náuseas o diarrea.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la mayoría de afectados por la gripe se recuperan en una o dos semanas sin necesidad de recibir tratamiento médico. Sin embargo, hay colectivos de riesgo: niños pequeños, personas de edad avanzada y personas aquejadas de otras afecciones médicas graves. En ellos, esta infección vírica puede adquirir mayor gravedad e, incluso, ser mortal en pacientes ancianos o con enfermedades crónicas, respiratorias, cardiacas y de otro tipo.

Cómo se contagia la gripe

La gripe es una enfermedad muy contagiosa y se propaga rápidamente de una persona a otra. Un sujeto infectado es capaz de transmitir la enfermedad durante un periodo de tiempo prolongado: desde un día antes de que comiencen los síntomas hasta unos 3 a 7 días después (los niños incluso más tiempo).

El contagio se produce cuando el individuo infectado habla, tose o estornuda y esparce en el ambiente miles de pequeñas gotas que contienen el virus. Incluso la más diminuta de ellas puede contener cientos de virus e infectar a otras personas.

Esas gotas pueden penetrar en el organismo de otra persona por la nariz o por la boca y entrar en contacto con las mucosas respiratorias. Ahí comienza a multiplicarse y a producir todos los síntomas de la gripe.

Cómo prevenir la gripe

La prevención es fundamental para evitar contagios, por lo que conviene tomar una serie de medidas preventivas:

  • Cuida la higiene: lava habitualmente tus manos a conciencia. Para ello, utiliza agua y jabón y dedica bastante tiempo a realizar la operación. Este procedimiento es fundamental después de toser, estornudar o atender a una persona enferma.
  • Toma precauciones cuando estornudes o tosas: cubre la nariz y la boca con un pañuelo desechable y, después, tíralo a la basura. Si no dispones de un pañuelo desechable, cúbrete con la cara interna del codo y lávate después. Evita tocar los ojos, la nariz o la boca.
  • No compartas alimentos, vasos o cubiertos.
  • Ventila bien las habitaciones.
  • Evita las multitudes: la gripe se contagia fácilmente en aquellos lugares donde hay mucha gente (centros escolares, edificios con oficinas, auditorios, transporte público…).
  • Utiliza mascarilla quirúrgica si necesitas acudir al trabajo o a comprar para reducir al máximo la probabilidad de contagio a otras personas.

Con todo, los expertos aseguran que la mejor manera de evitar la gripe es ponerse una vacuna antigripal todos los años. Se elabora anualmente con virus inactivados en función del tipo o tipos de virus que fueron responsables de las epidemias del último invierno. Con ella, se consigue una protección de entre el 50 % y el 80 %.

La OMS recomienda a los grupos de riesgo (embarazadas, niños menores de 5 años, personas mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas y aquellos más expuestos a la gripe) una vacunación anual. Para que sea una cobertura eficaz, lo ideal es vacunarse antes de que comience la temporada de gripe, pero también se pueden evitar las infecciones con la vacunación en cualquier momento de la estación gripal.

Recuerda la importancia de quedarse en casa en caso de estar enfermo. Por lo menos, durante las primeras 24 horas después de que te baje la fiebre. De esta forma, reduces la probabilidad de infectar a otras personas. Y, si tienes cualquier duda sobre el tratamiento que te conviene, consulta con tu médico.

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Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Clínica Universidad de Navarra
  • Mayo Clinic
  • Organización de Consumidores y Usuarios (OCU)