Conoce la nueva reglamentación al respecto y aprende a elegir bien tus alimentos.

Si te preocupas por tu salud, te interesa que tu nutrición sea adecuada, que tus menús sean equilibrados y así consigas mantenerte en tu peso ideal.

Para ello, necesitas conocer los nutrientes qué componen tus alimentos y poder comparar unos con otros a la hora de elegirlos para que formen parte de tus recetas.

Hasta hace algunos años, las etiquetas de los alimentos proporcionaban muy poca información sobre los nutrientes que aportaban y los datos muchas veces eran confusos.

Pero en la última década, la normativa se volvió más exigente con los fabricantes, y se les obligó a que las etiquetas tuvieran reflejadas las características reales de los productos, sin promesas de propiedades terapéuticas, o especiales que no se cumplieran.

Esta normativa se realizó pensando en que el consumidor tiene derecho a saber qué es exactamente lo que compra, y además comprobar que el fabricante cumple con los compromisos que adquiere al anunciarse.

¿Qué significa esto?

Pues que si un producto se anuncia como bajo en grasas, su etiquetado debe tener información exhaustiva sobre las grasas que contiene, de modo que si lo comparas con otros productos puedas constatar que efectivamente el porcentaje de grasas es menor.

De ahí que sea tan importante que leas con atención TODO el etiquetado y compares los alimentos para elegir el que más se acomode a tus gustos y tus necesidades.

Debido al alto número de alergias alimentarias que existen, cada día se hace más necesario que la etiqueta de cada producto especifique los ingredientes potencialmente alergénicos que contenga como el gluten, el huevo, los frutos secos…etc.

La información de los productos etiquetados es de dos clases:

  • Información general sobre las características del producto: ingredientes, modo de empleo, peso, conservación, estado físico (descongelado, fresco…), lote y fecha de envasado, y lugar de origen.
  • Información nutricional hasta ahora opcional sobre calorías, grasas, hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, fibra y minerales más importantes como sodio, calcio…etc.

Desde el 13 de Diciembre de 2014, una nueva norma de la Unión Europea mejora el etiquetado alimentario, tanto el etiquetado general como el etiquetado nutricional.

  1. El primer punto modificado es que las etiquetas deben ser más legibles. Hay un tamaño mínimo de fuente dependiendo del tamaño del envase.
  2. Será siempre obligatorio, independientemente de cómo sea el envase que se especifique el nombre del producto, los alérgenos (bien visibles), la cantidad neta y la fecha de duración mínima.
  3. Será obligatorio también especificar el país de origen del producto, bien legible, que antes no era obligatorio en todos los productos frescos.
  4. Los aceites vegetales deberán también venir clarificados. Antes sólo ponía “vegetales” pero aceites como el de coco o el de palma, son similares para la salud a los aceites de origen animal. Por ello se deberá especificar qué tipo de aceite contiene.
  5. Además será obligatoria la información nutricional, presentando todos los nutrientes en el mismo campo visual, y especificando, para poder ser comparado con otros productos “por cada 100gm o 100ml”.
  6. El sodio se denominará “sal” para que no lleve a error.
  7. Será opcional poner la relación del porcentaje de nutrientes por ración o unidad.

No compres sin mirar el etiquetado. Es fundamental para que aprendas a comer bien. Elige los alimentos con menos azúcares, menos grasas “trans” y menos aditivos, conservantes y colorantes (los denominados con letra E y un número), que no sean naturales (puedes ver nuestra infografía sobre los 10 enemigos de una dieta sana).

Compara y busca lo que más se adecúe a tus gustos y necesidades.

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