Cientos de miles de afectados por COVID-19 están consultando al médico porque tras su aparente recuperación se sienten incapaces de realizar ejercicio. Este síntoma se conoce como malestar post-esfuerzo y se ha visto que tiene mecanismos fisiológicos en común con la fatiga crónica.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Investigadores de la Universidad de Indiana, han recopilado datos de más de un millón de pacientes de COVID-19 de larga duración. El resultado ha sido que, aunque los pacientes informan que con frecuencia sus médicos les han aconsejado hacer ejercicio, muchos dicen que, cuando lo hacen, se sienten peor después.

La incapacidad para hacer ejercicio se ha revelado como uno de los síntomas más comunes a largo plazo. Algunas personas simplemente están demasiado cansadas para hacer ejercicio, dijo, mientras que otras experimentan recaídas de síntomas debilitantes como el aumento de la fatiga, la niebla cerebral o el dolor muscular.

Este empeoramiento de los síntomas después de realizar incluso un poco de actividad física parece ser común entre los pacientes con COVID-19 persistente y se parece mucho al de las personas con síndrome de fatiga crónica. Cuando los investigadores realizaron una encuesta por internet a 3.762 personas con este síndrome de persistencia de los síntomas, descubrieron que el 89% informaba de malestar post-esfuerzo.

Parece, además, que estos problemas inducidos por el ejercicio no son simplemente el subproducto de estar fuera de forma. Los efectos son muy diferentes a los de haber perdido la forma física. Tampoco parecen ser el resultado de una lesión pulmonar o cardíaca.

Enfermera en una sesión de rehabilitación asistiendo a una afectada por COVID-19.

COVID-19 persistente y cansancio

En un pequeño estudio publicado el pasado enero, cuando los pacientes con COVID-19 persistente se ejercitaron en una bicicleta estática, se vio que algunas venas y arterias no funcionaban correctamente, lo que impedía que el oxígeno llegara con eficacia a sus músculos.

Nadie sabe por qué se producen estos problemas en los vasos sanguíneos, pero otro estudio reciente sugirió que los pacientes con COVID-19 persistente experimentan daños en un determinado tipo de fibra nerviosa relacionada con el funcionamiento de los órganos y los vasos sanguíneos.

Otras investigaciones sobre la intolerancia al ejercicio apuntan hacia problemas en la forma en que el ritmo cardíaco responde al ejercicio. En un estudio publicado en noviembre, investigadores de Indiana estudiaron a 29 mujeres que habían dado positivo en la prueba de COVID-19 unos tres meses antes. Cuando estas mujeres se sometieron a una prueba de caminata de seis minutos de duración, sus frecuencias cardíacas no se aceleraron tanto -ni se recuperaron tan rápidamente- como las frecuencias cardíacas de 16 mujeres similares que no se habían infectado con COVID-19.

El Dr. Lambert señaló que a algunos pacientes con COVID-19 persistente también se les diagnostica el síndrome de taquicardia ortostática postural (o POTS, por sus siglas en inglés), un trastorno que afecta el flujo sanguíneo. En las personas que tienen POTS, el sistema nervioso no puede regular las cosas que se supone que debe controlar automáticamente, como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la sudoración y la temperatura corporal, que son las que, al hacer ejercicio, deben regularse adecuadamente.

Hacer o no hacer ejercicio para recuperarse tras la COVID-19 

Hay pacientes y médicos que se oponen a hacer cualquier tipo de ejercicio debido a estos problemas. Simplemente, se sienten demasiado cansados.

Sin embargo, también se ha visto que el ejercicio puede ser posible, e incluso beneficioso, después de que los pacientes con COVID-19 persistente reciban el tratamiento adecuado. Si el paciente se encuentre en una situación mejor con la medicación, entonces lo ideal es comenzar un programa de ejercicio gradual, sin precipitarse.

La COVID-19 persistente puede manifestarse de diferentes maneras, por lo que los médicos y los pacientes tienen que adaptarse a cada situación. Probablemente nunca habrá una recomendación única para el ejercicio.

Fuentes:  

  • Singh I, Joseph P, Heerdt PM, Cullinan M, Lutchmansingh DD, Gulati M, Possick JD, Systrom DM, Waxman AB. Persistent Exertional Intolerance After COVID-19: Insights From Invasive Cardiopulmonary Exercise Testing. 2022 Jan;161(1):54-63. doi: 10.1016/j.chest.2021.08.010.
  • Novak P, Mukerji SS, Alabsi HS, Systrom D, Marciano SP, Felsenstein D, Mullally WJ, Pilgrim DM. Multisystem Involvement in Post-Acute Sequelae of Coronavirus Disease. Ann Neurol. 2022 Mar;91(3):367-379. doi: 10.1002/ana.26286.
  • Evidence for impaired chronotropic responses to and recovery from 6-minute walk test in women with post-acute COVID-19 syndrome Marissa N. Baranauskas, Stephen J. Carter. First published: 10 November 2021 https://doi.org/10.1113/EP089965