Durante las cuatro semanas de confinamiento, primero total y luego parcial, a causa de la COVID-19 en el pasado mes de marzo, el número de urgencias por infarto de miocardio se redujo el 40% en España. Muchas personas han tenido más miedo a ir a urgencias y arriesgarse al contagio del coronavirus que a la posible dolencia que estaban sufriendo.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico.

Un descenso similar se ha observado en relación con las apendicitis, los problemas neurológicos y agudos de riñón o las dolencias oncológicas. Y los más pequeños de la casa tampoco han escapado a este temor, saltándose los padres incluso su calendario de vacunas con tal de no llevarlos a un centro sanitario.

Sin embargo, de atender a tiempo muchas enfermedades depende que se resuelvan con final feliz. Los servicios de urgencias en los hospitales del Sistema Nacional de Salud han puesto en marcha circuitos completamente diferenciados para pacientes respiratorios y para el resto de las patologías con el objetivo de garantizar la seguridad de los profesionales y de los pacientes.

Además, se utilizan todas las medidas de protección establecidas por las autoridades sanitarias, como son el uso de mascarillas y solución hidroalcohólica para la desinfección de manos.

Situaciones en las que un adulto no debe esperar

Uno de los grandes problemas de gestión de la sanidad en los países occidentales es la saturación de los servicios de urgencias con dolencias que no lo son en realidad. Sin embargo, hay algunas situaciones en las que vale la pena no perder tiempo:

  • Si sientes dolor, ardor o presión en el pecho. Según indica la Fundación Española del Corazón, el síntoma habitual de un infarto de miocardio es “dolor tipo peso en la zona del esternón que no se modifica con los movimientos ni con la respiración, bastante intenso y, en ocasiones, se irradia hacia mandíbula, cuello y espalda, brazo izquierdo y, en algunos casos, brazo derecho”. A menudo, se acompaña de sudor frío y mareo. Otras veces se manifiesta como dolor en la parte alta del abdomen, dificultad para respirar, ganas de vomitar y pérdida de conocimiento.
  • Si se paraliza un lado del cuerpo, hablas incoherentemente o tienes intenso dolor de cabeza. Esos síntomas pueden indicar que se está sufriendo un ictus o infarto cerebral. Las tres primeras horas de un infarto cerebral resultan cruciales. Una de las comprobaciones que hacen los médicos para saber si están ante un trastorno de circulación cerebral es levantar las manos del paciente y soltarlas al mismo tiempo; si solo una de ellas cae, hay motivos para sospechar. Otra prueba definitiva es pedir al paciente que sonría: si solo puede levantar una parte de la comisura de los labios, es momento de llamar al 112 o acudir a urgencias.
  • Si sufres una hemorragia. En estos casos el sentido común debe indicarnos si la cantidad de sangre, la herida o el modo en que se produjo aconsejan una revisión o tratamiento urgente. Si hay vómitos y/o esputos con sangre, sangrados rectales o ginecológicos debemos considerar la ayuda urgente. Según aconseja la Cruz Roja, hay que activar también las alarmas cuando quien está sangrando tiene “sensación de mareo, debilidad o inestabilidad; disminución del nivel de consciencia, palidez y sudoración fría, dificultad para respirar, abdomen duro o pulso rápido”.
  • Si sientes dolor brusco e intenso desde la región lumbar hacia el pubis. En este caso, puede tratarse de un cólico nefrítico. Esta dolencia está causada por la obstrucción por una piedra formada en la orina y que bloquea el flujo de esta desde el riñón hacia la vejiga.
  • Si eres un paciente oncológico. Hay muchos tipos de cáncer, estadios de la enfermedad y tratamientos que pueden dar lugar a una bajada de defensas de los pacientes. “Ante cualquier duda concreta de su caso o tratamiento, el paciente debe consultar con su médico, que es quien conoce su historial clínico y la situación de su enfermedad en ese preciso instante”, aconseja la Asociación Española Contra el Cáncer.
  • Si has tenido un golpe muy fuerte en algún uso o articulación. La imposibilidad de mover la articulación más cercana al hueso que ha recibido el golpe, una inflamación excesiva o una deformación en la zona afectada, indican que es mejor ir a que nos hagan una radiografía de urgencia.
  • Si te mareas o pierdes el conocimiento. En un desmayo o síncope se produce una pérdida total de conciencia de forma transitoria, con recuperación espontánea y sin secuelas posteriores. Las causas para que esto ocurra pueden ser diversas: estrés, ansiedad, exceso de calor o un cambio postural brusco lo puede explicar. También una crisis epiléptica, las bajas bruscas de azúcar o una intoxicación son, asimismo, causas frecuentes. Aunque no suelen tener mayores consecuencias, lo aconsejable es solicitar valoración médica.

Acudir a urgencias situaciones en las que adulto no debe esperar.

Cuando llevar al niño a urgencias sin demora

En el caso de los niños, el miedo al contagio ha hecho que las urgencias pediátricas sean un territorio desconocido, libre de padres angustiados por episodios febriles  sin importancia o vómitos.

Quizás con la COVID-19 muchos padres han aprendido que es posible calmar su incertidumbre con una videoconsulta y ahorrarse horas de espera e insomnio en los hospitales. De esta manera, según recomienda la Sociedad Española de Urgencias en Pediatría, solo es imprescindible ir a urgencias de forma inmediata:

  • Si el niño o niña presenta un mal color de piel (palidez muy marcada, piel moteada, color de piel azul o grisáceo) ya que podría traducirse en una falta de correcto riego sanguíneo.
  • Si se observa la aparición de lesiones habonosas (como picadas de insecto), hinchazón de labios o párpados que se acompañan de dificultad para respirar y/o vómitos y/o diarreas, lo que nos haría sospechar de una reacción anafiláctica.
  • En caso de presenciar movimientos anormales, tipo convulsión, o ausencia de respuesta a estímulos, así como irritabilidad o somnolencia mayor de las habituales, se debería acudir a urgencias para una valoración del paciente.
  • Si respira de forma muy difícil (costillas marcadas, respira muy rápido, suenan pitidos, hace pausas en la respiración o está adormilado) podría necesitar tratamiento para mejorar su respiración.
  • Si se ha atragantado y tiene dificultad para respirar, vómitos y/o una salivación constante, sería necesaria su valoración inmediata.
  • En caso de haber sufrido algún accidente que le provoque un sangrado abundante que no cede después de presión 10 minutos, o un golpe en la cabeza con pérdida de conocimiento o una fractura abierta (se ve el hueso) debería acudir de manera inmediata a urgencias.

Existen otras situaciones que pueden esperar algunas horas, pero en las que se debe consultar con un profesional o acudir a urgencias, siempre que ocurra algo de lo siguiente:

  • Manchas rojas en la piel que no se van al presionar o, si es un bebé menor de tres meses, con fiebre.
  • Fiebre de más de 40.5º.
  • Signos de deshidratación (ojos hundidos, boca seca, poca orina) debería ser valorado para considerar si necesita administración de suero.
  • Vómitos y dolor de cabeza muy fuerte o es un bebé menor de un mes que rechaza las tomas, debería acudir a urgencias.
  • Si el niño ha ingerido algún objeto, sobre todo pilas o imanes o si presenta un dolor abdominal fuerte y continuo que empeora.
  • En caso de haber sufrido algún traumatismo en el que se vea alguna deformidad en el cuerpo, o que haya una herida profunda que precise sutura.
  • Si ha ingerido algún producto tóxico o se le ha administrado más dosis de la prescrita de un medicamento.

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Fuentes: