Una presión intraocular elevada puede ser un factor de riesgo para desarrollar glaucoma en los ojos. Con motivo del Día Mundial del Glaucoma (12 de marzo), desde AXA Health Keeper queremos recordar la importancia de una buena prevención y de llevar un estilo de vida saludable.

En AXA Heatlh Keeper tenemos expertos en oftalmolgía que te recomendarán las pruebas adecuadas para el cuidado de tus ojos. Encuéntralos aquí.

Tensión ocular

El glaucoma se trata de una enfermedad que provoca un daño progresivo en el nervio óptico a consecuencia del aumento de la presión en el globo ocular. Si se trata adecuadamente y a tiempo es difícil que cause ceguera. A pesar de ello, es la primera causa de ceguera prevenible en el mundo.

La tensión intraocular es la presión ejercida por los líquidos que se encuentran en el interior del globo ocular (humor vítreo y humor acuoso) sobre sus estructuras firmes (córnea, cristalino…) y sirve para que el ojo mantenga su forma esférica.

Una persona tiene la Presión Intraocular Correcta (PIO) cuando se encuentra entre 10 y 20 mmHg. A partir de 21 mmHg se considera hipertensión ocular. Aún así, la presión ocular elevada por sí sola no provoca glaucoma. Sin embargo, puede ser un factor de riesgo.

Síntomas de la tensión alta en el ojo

Puesto que al principio la patología no da síntomas, lo recomendable es tomarse la PIO de manera regular a partir de  los 40 años, y antes si existen factores de riesgo como antecedentes familiares, diabetes, miopía o seguir un tratamiento a base de corticoides.

El síntoma más característico es la pérdida del campo visual periférico, manteniéndose al principio la visión central sin alteraciones. Aunque también pueden darse otras señales:

– visión borrosa

– dolor de ojos y de cabeza

– náuseas y vómitos

– sensibilidad a la luz y al brillo

– halo de arcoíris alrededor de las luces

– complicaciones para ver por la noche

Hay que realizar el diagnóstico lo antes posible para prevenir la tensión en las fibras del nervio óptico y así evitar la pérdida de visión. Será un médico quien te indicará en qué momento debes medirte la presión intraocular.

Cómo se mide la tensión ocular

La medición de la tensión intraocular es una de las pruebas oftalmológicas más comunes para diagnosticar el glaucoma, pero no la única.

La toma de la tensión ocular se realiza con un aparato llamado tonómetro. Los de última generación hacen el examen de forma rápida, segura y nada molesta para la persona.

Existen diferentes métodos para realizar la tonometría: de no contacto (la persona percibe un soplo de aire en los ojos) o de contacto (el médico toca la córnea con el tonómetro).

Cómo bajar la tensión ocular

Alimentos de color naranja: una dieta que incluya alimentos de color naranja, ricos en provitamina A (cítricos, zanahorias, calabaza) puede propiciar una mejor salud ocular.

Menos sal: reducir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas y de la sal puede evitar la arterioesclerosis y la elevación de la presión arterial.

Moverse: caminar a ritmo rápido 30 minutos (5 días a la semana) puede prevenir la obesidad, relacionada con enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia o la hipertensión, que son factores de riesgo para la aparición de glaucoma.

Medicación: el tratamiento convencional con fármacos específicos ha demostrado ser el más eficaz. Además, es importante acudir al oftalmólogo y a las revisiones periódicas programadas para controlar la tensión ocular.

Reducir el estrés: el cortisol (hormona del estrés) bloquea el efecto de la melatonina (hormona del descanso), por lo que hay que tratar de gestionar la tensión y ansiedad. Para ello, puede ser útil practicar yoga, meditación o ejercicios de respiración.

Según la Fundación para la Investigación del Glaucoma, todavía se desconoce por qué los canales de drenaje del ojo dejan de funcionar correctamente. Lo que sí se sabe es que el glaucoma no se desarrolla por leer mucho o con poca luz, por la alimentación, por usar lentes de contacto, ni por otras actividades cotidianas.

Generalmente la causa del glaucoma es una alteración anatómica o degenerativa del ojo. Pero ni es contagioso ni amenaza la vida y, en el mundo occidental, rara vez causa ceguera, si se detecta a tiempo.