Se le llama ya el ‘segundo cerebro’, ya que la ciencia ha demostrado que está directamente conectado al cerebro. Así, lo que comemos puede afectar nuestra salud física y emocional. Hoy aclaramos hasta qué punto están ligados intestino y cerebro.

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Nuestro intestino se considera el “segundo cerebro”. Y es que está ligado a los estados de ánimos y el estrés, y contiene el 70% de las células del sistema inmunitario.

Así, la buena salud de nuestro intestino nos puede garantizar, también, el buen funcionamiento del metabolismo y hasta del cerebro.

El secreto para mantener el intestino sano tiene que ver con las bacterias que lo habitan. La ciencia ha demostrado que cuidar de ellas favorece todo del sistema gástrico y metabólico.

¿Qué es el intestino?  

El intestino absorbe nutrientes y vitaminas y es parte del aparato digestivo. Juntos, el intestino delgado y grueso se extienden desde el final del estómago hasta el ano.

En los intestinos (delgado y grueso) viven millones de microorganismos (microbiota o flora intestinal). Se trata de bacterias saludables sin las que el cuerpo puede desajustarse.

De esta manera, el buen estado de nuestra microbiota ayuda a disminuir el riesgo de desarrollar otras patologías más importantes.

¿De qué maneras trabaja el intestino? 

El intestino está situado en el interior del abdomen y absorbe nutrientes y agua.

Intestino delgado. Los alimentos descompuestos por el estómago pasan al intestino delgado, que absorbe los nutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos) y los manda a la sangre.

Asimismo, el intestino delgado ayuda a mantener en buen estado el sistema inmunológico. La Universidad de Miami encontró que juega un papel crucial para proteger contra patógenos.

Intestino grueso. El intestino grueso absorbe agua, sal y otros materiales de desecho del aparato digestivo. Luego, solidifica los desechos en heces, que pasan al recto. 

Yogur con probióticos

¿Por qué lo llamamos segundo cerebro? 

Al intestino lo llamamos el ‘segundo cerebro’, porque su salud y estado puede afectar directamente al sistema nervioso. Por eso, se habla del ‘eje intestino-cerebro’. 

Varios estudios científicos han demostrado que ambos órganos están conectados, tanto física como bioquímicamente de varias maneras. 

El nervio vago y el sistema nervioso. Hay cerca 100 mil millones de neuronas en el cerebro. El intestino también contiene 500 millones de neuronas, que están conectadas al cerebro. 

Por otro lado, el nervio vago es uno de los nervios más grandes que conectan el intestino y el cerebro, y envía señales en ambas direcciones. 

Neurotransmisores. Intestino y cerebro también están conectados a través de sustancias químicas llamadas neurotransmisores (como la serotonina), que controlan las emociones. 

Curiosamente, muchos neurotransmisores son producidos por las células intestinales. De hecho, el Instituto de Tecnología de California demostró que la microbiota -conjunto de microorganismos que componen la flora intestinal- juega un papel fundamental en la regulación de la serotonina en el cuerpo. 

Sustancias que afectan el cerebro. Los billones de bacterias que viven en el intestino también producen otras sustancias químicas que afectan el funcionamiento del cerebro. 

Así, por ejemplo, el Instituto de Lácteos de Asturias halló que los microbios intestinales producen ácidos grasos de cadena corta (SCFA), que pueden influir en la función cerebral de varias maneras, como en la reducción del apetito. 

Los microbios afectan la inflamación. Las bacterias que pueblan la microbiota también tienen un papel importante en las defensas del organismo. 

La Universidad de Manchester concluyó que un sistema inmunológico alterado puede provocar inflamación, asociada a trastornos cerebrales, como la depresión y el Alzheimer. 

Datos importantes del intestino

– El intestino delgado mide casi 6 metros y es la porción del tubo digestivo más larga, según la Fundación Española del Aparato Digestivo. Se sitúa en el centro del abdomen y ocupa casi toda la cavidad abdominal.

– En la primera porción del intestino delgado (duodeno) se vierten las bilis y el jugo pancreático, que ayudan en la digestión y absorción de alimentos.

– Los movimientos del intestino delgado hacen que los alimentos pasen a través de él en unas dos horas. Una vez hecho este recorrido, los restos no absorbidos pasan al intestino grueso.

– El intestino grueso (o colon) tiene forma de U invertida y se sitúa rodeando por delante al intestino delgado, terminando en el ano. Mide 1,5 m y es más ancho que el intestino delgado.

– En el intestino grueso se produce la parte final de la digestión. Su primera mitad contiene abundantes bacterias que forman la flora intestinal.

– Para garantizar la proliferación y actividad de las bacterias de la flora intestinal, hay que consumir probióticos (yogur enriquecido con bacterias), prebióticos (legumbres), practicar ejercicio y controlar el estrés.

Como ves, el intestino es un órgano que puede influir en nuestro bienestar físico y emocional.  De esta manera, cuidando de sus bacterias es posible mejorar la salud del cerebro.

¿Te alimentas correctamente? 
Averígualo.

Fuentes:

How do the intestines work? Medically reviewed by Madeline Knott, MD — Written by Alex Bell on August 4, 2020. Mecial News Today. https://www.medicalnewstoday.com/articles/intestines

The Gut-Brain Connection: How it Works and The Role of Nutrition. Written by Ruairi Robertson, PhD — Updated on August 20, 2020. Healthline. https://www.healthline.com/nutrition/gut-brain-connection

Conozca su aparato digestivo. Intestino Delgado y Grueso. Fundación Española del Aparato Digestivo. https://www.saludigestivo.es/conozca-su-aparato-digestivo/#intestino-delgado

Santaolalla R, Fukata M, Abreu MT. Innate immunity in the small intestine. Curr Opin Gastroenterol. 2011;27(2):125-131. doi:10.1097/MOG.0b013e3283438dea

Yano, Jessica M et al. “Indigenous bacteria from the gut microbiota regulate host serotonin biosynthesis.” Cell vol. 161,2 (2015): 264-76. doi:10.1016/j.cell.2015.02.047

Ríos-Covián, David et al. “Intestinal Short Chain Fatty Acids and their Link with Diet and Human Health.” Frontiers in microbiology vol. 7 185. 17 Feb. 2016, doi:10.3389/fmicb.2016.00185

Lucas SM, Rothwell NJ, Gibson RM. The role of inflammation in CNS injury and disease. Br J Pharmacol. 2006;147 Suppl 1(Suppl 1):S232-S240. doi:10.1038/sj.bjp.0706400