La alimentación juega un papel fundamental en el fortalecimiento y la capacidad de respuesta del sistema inmunitario frente a la infección por SARS-Cov2. De hecho, quienes tienen más posibilidades de terminar en las unidades de cuidados intensivos es gente -además de edad avanzada- con presión arterial alta, enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes. Todas ellas tienen en común una mala alimentación y unas colonias bacterianas intestinales y pulmonares alteradas.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico.

Un artículo de revisión sistemática de la literatura científica mediante meta análisis con datos correspondientes a nueve estudios clínicos (6.577 pacientes infectados en cinco países), llegó a la conclusión de que el sobrepeso constituye un factor que favorece la progresión rápida de la COVID19 y aumenta significativamente el riesgo de ingresos en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y la muerte.

Si al sobrepeso u obesidad se le suman la presión arterial en rangos altos, el azúcar en sangre elevado, los triglicéridos altos y el colesterol bueno bajo, se produce una inflamación crónica de bajo grado que hace que la tempestad de citoquinas inflamatorias desencadenada por el SARS-CoV-2 sea aún más perjudicial para los pulmones.

A la vez, se ha observado un hecho contradictorio al analizar los datos de 122 países (80 ricos y 42 pobres): las tasas de muerte por coronavirus son mayores en los países ricos. La diferencia más importante encontrada es que los pacientes de los países pobres tenían en su microbioma (los billones de microbios que viven en el intestino y los pulmones) una gran cantidad de bacterias que inducen el interferon tipo I -una proteína que señala a los linfocitos a quién tienen que atacar- lo que le confiere un efecto protector frente al coronavirus.

Investigaciones recientes han demostrado que el microbioma intestinal desempeña un papel esencial en la respuesta inmune del cuerpo a las infecciones y en el mantenimiento de la salud en general.

Un estudio reciente ha determinado que en los pacientes de COVID19, el microbioma del intestino muestra una reducción notable en la diversidad de las bacterias y una abundancia de patógenos oportunistas como el estreptococo, la veillonela o el actinomices.

Hay una epidemia que está agravando el coronavirus y es que comemos comida de baja calidad. En los países ricos se consumen alimentos con tanto azúcar y tanta grasa saturada, que no son realmente comida. Ello conduce a la obesidad, las alteraciones metabólicas y al cambio en la composición del microbioma.

La diversidad de bacterias intestinales disminuye a medida que uno envejece, lo que ayuda a explicar por qué la respuesta inmunitaria varía según la edad y por qué es aún más necesario mantener un microbioma saludable durante toda la vida.

El mejor aliado del COVID-19: una mala alimentación. Presión alta

Un estilo de vida saludable, clave en la lucha contra la COVID19

El sistema inmune es complejo y altamente receptivo al mundo que nos rodea, por lo que no es sorprendente que muchos factores afecten su funcionamiento. Lo importante es saber que la mayoría de estos factores no están codificados en los genes, sino que se ven afectados por nuestro estilo de vida y entorno.

Una cosa que se puede controlar de inmediato -en 4 semanas de alimentación sana se revierten los daños al organismo- es la salud del microbioma. Además de ayudar en la defensa contra patógenos infecciosos como el coronavirus, un microbioma intestinal saludable también contribuye a prevenir reacciones inmunológicas potencialmente peligrosas, que dañan los pulmones y otros órganos vitales.

En vez de consumir suplementos que aseguran «estimular el sistema inmunológico» sin contar con buenas evidencias, lo que genera un alto impacto en el rango y tipo de microbios del intestino son los alimentos que se ingieren.

Se ha demostrado que seguir una dieta mediterránea mejora la diversidad del microbioma intestinal y reduce la inflamación. Es decir, comer muchas frutas, verduras, nueces, semillas y alimentos integrales; grasas saludables como el aceite de oliva v y carne magras o pescado.

Si es más difícil acceder a  productos frescos durante el autoaislamiento o la cuarentena, las frutas y verduras congeladas son tan saludables como las frescas y durarán mucho más que el período de aislamiento de dos semanas actualmente recomendado.

También se puede ayudar al microbioma comiendo regularmente yogur natural y quesos artesanales, que contienen microbios vivos (probióticos). Otra fuente de probióticos naturales son las bebidas ricas en bacterias y levadura como el kéfir (leche fermentada) o la kombucha (té fermentado).

En general, es bueno seguir una regla básica: si no se entiende lo que está escrito en el paquete, es mejor no comprarlo.  Casi no hace falta ir a la zona central del supermercado, que es donde está generalmente todo lo industrial. Todo lo que está cerca de las paredes, generalmente es comida más real.

Cuidar la salud mental, mantenerse físicamente activo y dormir lo suficiente también ayudarán a tener un sistema inmunológico en buena forma.

Fuentes:

  • Obesity and mortality of COVID-19. Meta-analysis. Abdulzahra Hussain et al. Obesity Research & Clinical Practice Volume 14, Issue 4, July–August 2020, Pages 295-300 https://doi.org/10.1016/j.orcp.2020.07.002
  • COVID 19 mortality: Probable role of microbiome to explain disparity. Kumar P, Chander B. . Med Hypotheses. 2020;144:110209. doi:10.1016/j.mehy.2020.110209
  • Role of the Microbiota in Immunity and Inflammation. Yasmine Belkaid, Timothy Hand. Cell, Volume 157, Issue 1, 2014, Pages 121-141. https://doi.org/10.1016/j.cell.2014.03.011.
  • Alterations in Gut Microbiota of Patients With COVID-19 During Time of Hospitalization. TaoZu et al. Gastroenterology Volume 159, Issue 3, September 2020, Pages 944-955.e8 . https://doi.org/10.1053/j.gastro.2020.05.048
  • Mediterranean diet intervention alters the gut microbiome in older people reducing frailty and improving health status: the NU-AGE 1-year dietary intervention across five European countries Ghosh TS, Rampelli S, Jeffery IB, et al Gut 2020;69:1218-1228. https://gut.bmj.com/content/69/7/1218