Uno de los síntomas característicos de la COVID-19 es la pérdida del olfato o anosmia. Más del 60% de los afectados la han padecido de alguna manera. Entre los pacientes afectados , el 80% recupera el gusto y el olfato de forma espontánea, pero hay un 20% restante que no lo logra. Para ellos, existen abordajes terapéuticos que les ayudarán a recuperar el sentido del olfato.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Según los estudios y datos no publicados hasta la fecha, uno de cada cinco afectados por el coronavirus recupera el olfato a la semana de empezar con los síntomas de la enfermedad. Una tercera parte lo recupera en un periodo de entre una y dos semanas. Finalmente, uno de cada cinco tardará de dos a cuatro semanas en recuperar el olfato tras la COVID-19.

Muchas otras infecciones virales afectan el gusto y el olfato, pero la COVID-19 ha afectado en frecuencia y gravedad de una forma mayor a otras infecciones. La razón por la que afecta más al olfato que otros virus, podría deberse a mecanismos combinados de inflamación local junto con degeneración del epitelio olfatorio, ya que hay unos receptores específicos descritos en la mucosa olfatoria para el SARS-CoV-2.

Estas neuronas se encuentran en un pequeño trozo de tejido dentro de la parte de arriba de la nariz. Estas células se conectan directamente al cerebro. Cada neurona olfativa tiene un receptor olfativo. Las moléculas microscópicas liberadas por estas sustancias en nuestro alrededor, ya sea el aroma del café o los pinos del bosque, estimulan receptores. Una vez que las neuronas detectan estas moléculas, envían mensajes al cerebro, y éste identifica el olor.

Las personas con trastornos del olfato pueden sufrir una pérdida en la capacidad de oler o cambios en cómo perciben los olores.

  • La hiposmia es una reducción en la capacidad de detectar olores.
  • La anosmia es la total incapacidad detectar para olores. En raras ocasiones, se puede nacer sin el sentido del olfato, lo que se llama anosmia congénita.
  • La parosmia es un cambio en la percepción normal de los olores, por ejemplo, cuando se distorsiona el olor de algo familiar, o cuando algo que normalmente le agradaba de repente se vuelve desagradable.
  • La fantosmia es la sensación de percibir un olor que en realidad no está.

La anosmia indica menor gravedad de la COVID19

Un estudio de la Universidad de California revela que los pacientes que experimentan anosmia o pérdida del sentido del olfato padecen una versión más leve de la enfermedad.

Al analizar la gravedad se ha observado que cuando la pérdida del olfato y del gusto ha sido más grave, se ha asociado a la población más joven y de mujeres. Además, han tenido con menor necesidad de ingreso hospitalario, menos neumonía y menor elevación de marcadores de inflamación.

Cuando se altera el sentido del olfato, algunas personas suelen cambiar sus hábitos alimenticios. Algunos pueden comer muy poco y comienzan a perder peso, mientras que otros pueden comer demasiado y comienzan a aumentar de peso. Ya que la comida se vuelve menos agradable, es posible que se agregue demasiada sal para mejorar el sabor de la comida. Esto puede ser un problema para las personas con riesgos de salud como la presión arterial alta o las enfermedades de los riñones. En los casos más graves, la pérdida del olfato puede llevar a la depresión.

Rehabilitacion del olfato para la anosmia por COVID 19Rehabilitación del olfato para la anosmia por COVID19

Existe una rehabilitación del olfato para aquellos pacientes que siguen sin recuperarlo. Para terminar el abordaje terapéutico ideal, lo primero que tienen que hacer es someterse a una olfatometría para cuantificar la pérdida y ver la capacidad que les queda.

En función de las respuestas que se miden de forma objetiva comparando el resultado con la media nacional, se establece una puntuación que define el nivel de hiposmia (leve, moderada, grave) o anosmia.

A partir de aquí, se hace lo que se conoce como entrenamiento olfatorio. Este entrenamiento consiste en oler de forma repetida distintas esencias como el limón, rosas, ajo y eucaliptos durante 20 segundos cada una y al menos dos veces al día en un período mínimo de tres meses (o mayor si fuera necesario).

Los estudios realizados al efecto han demostrado que el sentido del olfato mejora tras este tipo de entrenamientos. Además, esta aproximación terapéutica carece de efectos adversos y tiene un coste bajo.

En casos más graves se considera la administración de esteroides por vía oral o intravenosa pero no son el tratamiento de referencia. También se utilizó el nitrato de sodio intranasal, que se cree que modula la capacidad olfatoria de las neuronas intranasales. También se ha documentado el uso intranasal de vitamina A, que promueve la regeneración de las neuronas olfatorias y la administración oral de ácidos grasos omega-3 que se cree que actúa mediante mecanismos de reducción de la respuesta inflamatoria y de regeneración de las neuronas olfatorias.

La vitamina A los ácidos grasos omega-3 puede servir como complemento del entrenamiento olfatorio. No obstante, no se dispone hasta la fecha de evidencia científica suficiente para asegurar que estos tratamientos sean eficaces en la anosmia o hiposmia derivados de la infección por coronavirus.

Si la reducción en la capacidad para oler afecta a la calidad de vida y al bienestar lo recomendable es acudir al médico a por ayuda. Por seguridad, las personas con déficit olfatoria deben mantenerse alejadas del fuego y los aparatos a gas y evitar comer cualquier alimento caducado.

Fuentes:

  • COVID-19 está asociado con un deterioro severo del olfato, el gusto y la quimiosis, Chemical Senses« bjaa041. https://doi.org/10.1093/chemse/bjaa041
  • Yan, CH, Faraji, F, Prajapati, DP, Boone, CE, DeConde, AS. Asociación de disfunción quimiosensorial y COVID – 19 en pacientes que presentan síntomas similares a los de la influenza. Int Forum Allergy Rhinol . 2020; 10: 806– 813. https://doi.org/10.1002/alr.22579
  • Whitcroft KL, Hummel T. Disfunción olfativa en COVID-19: diagnóstico y manejo. JAMA. 2020; 323 (24): 2512-2514. doi: 10.1001 / jama.2020.8391