Tras un análisis de tres años, un grupo de expertos formado por profesionales sanitarios de diversas disciplinas médicas, enfermeros y pacientes ha concluido que la salud futura de los europeos está relacionada con un cambio fundamental en la forma de prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades hepáticas. Esta forma pasa por poner bajo control estricto el alcohol y la obesidad, por ejemplo, recomendando la eliminación del vino en las comidas, típicos de la dieta mediterránea.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Cada año, casi 300.000 personas por problemas de hígado. Muchas de ellas podrían haber tenido una vida más larga y saludable ya que, en la mayoría de los casos, las enfermedades hepáticas pueden prevenirse.

La obesidad está detrás de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (HGNA), que es la enfermedad hepática de más rápido crecimiento en Europa, ya que una de cada cuatro personas la padece.

En cuanto al alcohol, Europa tiene las tasas más altas de consumo de alcohol por persona, la mayor prevalencia de consumo excesivo de alcohol por episodios y las tasas más bajas de abstinencia de alcohol del mundo.

La enfermedad hepática relacionada con el alcohol es el tipo más frecuente ocasionando al menos el 50% de los casos de cirrosis y es la indicación más común para el trasplante de hígado en Europa.

En Europa, las enfermedades hepáticas crónicas tienen un impacto sustancial en los individuos jóvenes y de mediana edad en sus mejores años de trabajo, y la edad máxima de muerte se produce a finales de los 40 y principios de los 50 años.

Recomendación de eliminar el vino en las comidas.

Ley seca o dieta mediterránea 

Una de las principales recomendaciones del comité de expertos para controlar los efectos del alcohol es:

  • introducir un precio mínimo de 1 euro/cL de alcohol puro en todos los países de la UE
  • un aumento adecuado de los impuestos sobre el alcohol.
  • proteger a los niños de la comercialización de alcohol y alimentos con alto contenido en grasas, prohibiendo su publicidad en todos los medios sociales y digitales.

En España, hace unos meses, hubo una recomendación de las autoridades sanitarias para eliminar el alcohol de los menús en los restaurantes y hacerlo opcional. La contestación de los lobbies pro-vino y amplios sectores sociales no se dejó esperar.

Y es que la dieta y el estilo de vida del mediterráneo han sido reconocidos durante mucho tiempo como un ejemplo de salud. Lo cierto es que la ciencia aún desconoce qué componentes de esta dieta, o sus combinaciones, tienen un impacto beneficioso.

La mayoría de las explicaciones sobre los efectos positivos de la dieta de estilo mediterráneo, y de la paradoja francesa, se han centrado en gran medida en las propiedades beneficiosas de los antioxidantes, en los alimentos y el vino tinto.

A pesar de algunas dudas, existe una razonable unanimidad entre los investigadores en cuanto a los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino sobre las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la osteoporosis y la longevidad, que se han atribuido a los compuestos polifenólicos y al resveratrol presentes en el vino.

Confusión entre los consumidores

A pesar de ello, hay hallazgos sobre el impacto del consumo de alcohol en la salud humana como una reciente revisión sobre enfermedad hepática que encontró que cualquier nivel de ingesta de alcohol puede ser perjudicial para la salud del hígado. Estas conclusiones contradictorias junto con varios conceptos erróneos sobre el consumo moderado de alcohol, han llevado a gran confusión entre los consumidores.

Según las autoridades sanitarias, el consumo de alcohol debe medirse en Unidad de Bebida Estándar (UBE), que en España equivale a 10 gramos de etanol (alcohol etíico) o, lo que es lo mismo, un vaso de vino (100 cc) o una caña de cerveza (200cc). En función de ello, se establece que un consumo prudencial dentro del patrón de dieta mediterránea sería, para el hombre, de hasta 21 vasos de vino o cerveza a la semana y para la mujer de hasta 14 UBE por semana.

Todo lo que exceda estas cantidades va elevando el riesgo para la salud. También se considera bebedor de riesgo aquel que consume gran cantidad de alcohol en poco tiempo; es decir, cinco o más bebidas alcohólicas (cuatro combinados, o cuatro cañas de cerveza más dos combinados, por ejemplo) en una única ocasión o en un periodo corto de tiempo (horas), al menos una vez al mes.

Esta conducta, que es de alto riesgo, es la que tiene actualmente una parte de los jóvenes en España y en otros países de Europa.

Fuentes:

  • Alcohol Use European Region 2016 , WHO Int , Fact Sheet
  • The EASL–Lancet Liver Commission: protecting the next generation of Europeans against liver disease complications and premature mortality. Prof Tom H. Karlsen, et al. VOLUME 399, ISSUE 10319, P61-116. Jan. 2022
  • Mediterranean diet, alcohol-drinking pattern and their combined effect on all-cause mortality: the Seguimiento Universidad de Navarra (SUN) cohort. Morales G, et al Eur J Nutr. 2021 Apr;60(3):1489-1498. doi: 10.1007/s00394-020-02342-w.
  • Does moderate alcohol consumption accelerate the progression of liver disease in NAFLD? A systematic review and narrative synthesis. Jarvis H, et al. BMJ Open. 2022 Jan 4;12(1):e049767. doi: 10.1136/bmjopen-2021-049767.
  • Alcoholismo – Lo fundamental – Consumo prudencial, responsable o sin riesgo de alcohol.