La fisioterapia respiratoria se encarga de tratar y prevenir enfermedades que afectan al aparato respiratorio y que interfieren en la adecuada oxigenación del organismo, mediante la realización de técnicas que mejoran y fortalecen la función respiratoria. Vamos a enseñarte en qué consiste, cuándo está indicada y cómo se realiza.

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Fisioterapia respiratoria. Cuándo está indicada

Algunas enfermedades respiratorias como la neumonía, los edemas pulmonares, las embolias, o simplemente una temporada en la que se hayan padecido varios procesos de vías altas, pueden hacer que tu respiración se vuelve más superficial e ineficaz.

Especialmente los niños, con episodios repetidos de bronquiolitis o ancianos, convalecientes de una neumonía o gripe, pueden beneficiarse de estos ejercicios.

Siempre será realizada por un profesional, aunque algunos ejercicios prácticos sencillos se podrían aprender para realizar de forma autónoma en casa. Es conveniente no haber comido en las dos horas anteriores para evitar reflujos o indigestiones.

Fisioterapia respiratoria adultos.

Así como la fisioterapia en bebés está indicada para mejorar la oxigenación y drenar secreciones y de este modo, evitar complicaciones, la fisioterapia respiratoria en adultos va dirigida a movilizar y expectorar la mucosidad acumulada, para mejorar la oxigenación y la circulación y fortalecer al individuo.

Las enfermedades que habitualmente precisan de una rehabilitación posterior son: Bronquitis crónica, neumonía, EPOC, enfermos neurológicos, cáncer, ELA, encamados de larga duración…

Fisioterapia respiratoria beneficios

  • Mejorar la eliminación de la mucosidad.
  • Controlar la disnea.
  • Prevenir futuras infecciones.
  • Aumentar la resistencia pulmonar.
  • Evitar complicaciones en su enfermedad.
  • Optimizar la administración de ciertos medicamentos.
  • Reducir la convalecencia.

ejercicios fisioterapia respiratoria

Ejercicios fisioterapia respiratoria.

  1. Drenaje postural. Se realiza en una postura concreta, según la zona del pulmón que se desee limpiar. El paciente debe ser capaz de toser para movilizar las secreciones. La postura debe mantenerse unos 5 minutos. Las posturas de yoga pueden ser de mucha ayuda.
  2. Educación de la tos. No es lo mismo toser desde la garganta (lo que podría producirte irritación y/o afonía) que desde el bronquio. Se inspira profundamente y es en el momento de la espiración cuando se tose desde el diafragma en dos o tres tiempos, para que sea más efectivo. Se pueden colocar las manos en el vientre para contraer la zona.
  3. Vibraciones y percusiones (clapping respiratorio). Van asociadas al drenaje postural. Las vibraciones consisten en apretar la caja torácica, mientras se espira lo más deprisa que sea posible. Despegará la mucosidad y favorecerá que se movilice y pueda expulsarse. Las percusiones se realizan dando palmadas huecas durante la espiración, para igualmente despegar las secreciones.
    Para la limpieza de las vías aéreas existe un aparato portátil y de fácil uso, llamado flutter respiratorio, que genera una presión positiva espiratoria para personas con EPOC, o bronquitis crónica que acumulan muchas secreciones. Al espirar a través del flutter se generan vibraciones que despegan la mucosidad.
  4. Ejercicios respiratorios. Fortalecen los pulmones, mejoran su expansión y favorecen una oxigenación óptima.

Aquí tienes algunos que tu médico o fisioterapeuta te podrá enseñar para hacer solo.

  • Espira con los labios fruncidos. Inspira profundo por la nariz y expulsa el aire con los labios cerrados haciendo de tope.
  • Respiración diafragamática. Es la clásica respiración de Yoga. Sentado con las rodillas flexionadas, manos sobre el abdomen. Inspira y observa cómo se hincha tu abdomen. Espira como si silbaras lentamente y siendo consciente de cómo se desinfla la tripa.
  • Expansión pulmonar. Inspira profundamente mientras haces resistencia a la apertura de tu tórax con las manos. Aguanta la apnea unos segundos y espira lentamente.
  • Aprende a toser. Inspira profundo varias veces por la nariz y espira por la boca. En la última inspiración aguanta unos segundos la apnea y tose fuerte desde la base del diafragma. Espira lento.
  • Fortalece los pulmones. Puede ser de ayuda inflar globos, aunque debes hacerlo poco a poco y parar si sientes mareo o disnea. También puedes utilizar un espirómetro manual, en el que tendrás que mantener una bolita en el aire, haciendo espiraciones lentas y largas. O bien, realizar el ejercicio contrario con flujo inverso. Es decir. Inspira muy profundo para elevar la bolita indicadora, aguanta la apnea y espira de nuevo lento y largo. Al finalizar, tose varias veces y bebe agua.

Siempre que tengas dudas pregunta a tu médico. Si lo haces mal no conseguirás tu objetivo y en cambio podrías dejar mucosidad suelta en la faringe y laringe y provocarte más tos.

En AXA Health Keeper te animamos a hacer ejercicio y te hemos enseñado a respirar adecuadamente mientras entrenas. ¿Lo recuerdas?