Cerca del 20% de los infectados por el coronavirus son diagnosticados de algún trastorno mental dentro de los tres meses siguientes al inicio de los síntomas. Varios estudios coinciden en señalar un mayor riesgo de enfermedad mental entre los supervivientes a la COVID-19.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

El estudio más reciente, publicado en The Lancet Psychiatry journal, analizó las historias clínicas de más de 60 millones de personas en los Estados Unidos entre los que había 62.000 casos de COVID-19.

En los 90 días después de dar positivo en las pruebas de detección del coronavirus tuvieron un diagnóstico de ansiedad, depresión o insomnio, con dos veces mayor frecuencia que el resto de pacientes sin infección. A su vez, en el estudio comprobaron que las personas que tenían de entrada alguna enfermedad mental eran el 65% más susceptibles a enfermar de la COVID-19.

Se sabe que la COVID-19 afecta al sistema nervioso central y, de esta manera, puede provocar subsecuentes padecimientos mentales. Sin embargo, la investigación confirma que también influyen los factores sociales y personales, derivados de la situación que la propia pandemia ha generado.

Los grupos especialmente vulnerables son los hospitalizados, las personas con enfermedad mental previa, con situaciones difíciles provocadas por el aislamiento y la crisis económica y los trabajadores sanitarios, aunque los efectos psicológicos afectan a toda la población.

Tanto la mayor aparición de la sintomatología citada anteriormente como muchas de las situaciones provocadas por la epidemia (aislamiento, dificultades económicas, miedo, consumo de alcohol) pueden influir en el riesgo de suicidio. No obstante, se ha observado que en situaciones colectivas de alto riesgo el suicidio disminuye.

Por otro lado, se ha visto que con mucha frecuencia se da un síndrome que engloba recuerdos intrusivos, evasión, cambios en el estado de ánimo y reacciones físicas y emocionales. Es lo que se conoce como estrés postraumático que, en un estudio en China, se observó́ en el 96% de los casos de COVID-19.

Personas haciendo terapia de grupo

Atender a tiempo los síntomas de estrés por la COVID-19

Cuando los niveles de estrés alcanzan niveles muy severos pueden hacerse crónicos y se mezclan con otros síntomas como la tristeza, los ‘flashbacks’ (recuerdos sobre imágenes que se hayan visto), dificultades de sueño o recuerdos intrusivos (un recuerdo que no se desea tener), entre otros.

Además, un gran estudio realizado en el Reino Unido sobre más de 80.000 pacientes de COVID-19 grave, ha constatado que hay un cierto déficit cognitivo en la mayoría de ellos, meses después de la recuperación.

Como conclusión se puede señalar que, si a la fatiga se le suma ese impacto emocional traumático, un elevado número de personas necesitaría de atención psicológica.

Sin embargo, muchos tardan en buscar ayuda psicológica según constató una revisión publicada en la revista médica The Lancet. Lo hacen cuando ya la sintomatología es demasiado grave, o no terminan de identificar la emoción negativa que sienten o la identifican, pero consideran que tienen que estar preparados y disponibles para lo que venga.

Una solución es estar alerta para detectar estas sensaciones y en las empresas, por ejemplo, hacer un ‘screening’ (una evaluación rápida) para programar terapias en grupo y hablar de estos temas.

La llegada de la vacuna no puede solucionar, como una varita mágica, el estado en el que se encuentran algunas personas, porque seguirá habiendo un rastro psicológico que se tendrá que abordar.

Fuentes:

Bidirectional associations between COVID-19 and psychiatric disorder: retrospective cohort studies of 62 354 COVID-19 cases in the USA. Maxime Taquet, et al https://doi.org/10.1016/S2215-0366(20)30462-4

Cognitive deficits in people who have recovered from COVID-19 relative to controls: An N=84,285 online study. Adam Hampshire, et al  medRxiv 2020.10.20.20215863; doi: https://doi.org/10.1101/2020.10.20.20215863

Mental health care and COVID-19. Celso Arango, Til Wykes, Carmen Moreno
Published:December, 2020 DOI:https://doi.org/10.1016/S2215-0366(20)30480-6