La COVID-19 grave se ha relacionado con un mayor riesgo de depresión y ansiedad meses después de haber sido ingresado. También se ha confirmado que cuantas más infecciones, aunque sean leves, hay más probabilidades de poder niebla mental. Estos hallazgos se suman a un creciente conjunto de datos que muestran el impacto que la enfermedad puede tener en la salud mental. Para evitarlo, hay que seguir con medidas de prevención del contagio.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Las personas que estuvieron postradas en la cama durante al menos siete días tienen un 60% más de probabilidades de experimentar síntomas de depresión, según un estudio publicado en The Lancet Public Health. Esto contrasta con los que tenían la infección, pero no estaban postrados en la cama, que eran menos propensos a experimentar depresión y ansiedad que las personas que nunca tuvieron la enfermedad.

Otras investigaciones han demostrado que incluso la COVID-19 leve puede afectar a la capacidad de funcionamiento del cerebro. Un estudio de la Universidad de Oxford encontró que la COVID-19 causa una mayor pérdida de materia gris y daños en los tejidos del cerebro que los que se producen de forma natural en las personas que no han sido infectadas por el virus. En concreto, se ha documentado un encogimiento equivalente a una década de envejecimiento normal.

El estudio se hizo tomando imágenes de los cerebros de pacientes COVD-19 cerebros antes y después de tener la COVID-19. Se vio que había cierto grado de atrofia en el cerebelo, estructura cerebral vinculada a la cognición, y que la atrofia era mayor cuantas más veces se hubiera infectado la persona.

Los afectados obtuvieron peores resultados en las pruebas cognitivas, que implicaban tareas complejas, tras su recuperación, en comparación con los que no habían contraído la enfermedad. Estos resultados se vieron incluso en personas con síntomas relativamente leves de la COVID-19. También se puso de manifiesto que cuanto mayor era la persona, mayor era el efecto.

En otro estudio de finales del año pasado, realizado en el Mount Sinaí de Nueva York , encontramos una frecuencia relativamente alta de deterioro cognitivo varios meses después de que los pacientes contrajeran la COVID-19.

Las alteraciones en el funcionamiento ejecutivo, la velocidad de procesamiento, la fluidez de las categorías, la codificación de la memoria y el recuerdo fueron mayores entre los pacientes hospitalizados. Sin embargo, lo que llamó la atención de los investigadores es que el grupo del estudio era relativamente joven y una proporción sustancial, mostró disfunción cognitiva varios meses después de recuperarse de la COVID-19.

Estudio de imágenes del cerebro de pacientes afectados por la Covid-19.

Los efectos sobre la salud mental no son iguales para todos los pacientes de COVID-19

Está bien documentado el peaje sobre la salud mental que han supuesto los requisitos de distanciamiento social, junto con la incertidumbre general por las restricciones sanitarias y el confinamiento. Sin embargo, el tiempo que se pasa en cama es un factor clave para determinar la gravedad del impacto sobre la salud mental.

La recuperación más rápida de los síntomas físicos de la COVID-19 puede explicar en parte por qué los síntomas de salud mental disminuyen a un ritmo similar para aquellos con una infección leve. Sin embargo, los pacientes con COVID-19 grave suelen experimentar una inflamación que se ha relacionado previamente con efectos crónicos sobre la salud mental, como la depresión.

Para algunas personas, el miedo al virus habrá sido abrumador, alcanzando su punto máximo mientras esperan los resultados de una prueba PCR. La pandemia también podría haber exacerbado las ansiedades sobre otras enfermedades, porque la gente ha tenido más tiempo para rumiar y reflexionar sobre sus síntomas.

Aún no se sabe si realmente significa algo para la calidad de vida del paciente. Lo que sí parece evidente es que lo mejor es prevenir y no infectarse continuamente con las variantes más leves como la Omicron.

Fuentes:

  • Acute COVID-19 severity and mental health morbidity trajectories in patient populations of six nations: an observational study. Ingibjörg Magnúsdóttir, et al. Published:March 14, 2022DOI:https://doi.org/10.1016/S2468-2667(22)00042-1
  • Douaud, G., Lee, S., Alfaro-Almagro, F. et al. SARS-CoV-2 is associated with changes in brain structure in UK Biobank. Nature (2022). https://doi.org/10.1038/s41586-022-04569-5
  • Becker JH, Lin JJ, Doernberg M, et al. Assessment of Cognitive Function in Patients After COVID-19 Infection. JAMA Netw Open. 2021;4(10):e2130645. doi:10.1001/jamanetworkopen.2021.30645