Conoces de sobra los beneficios que el deporte consigue en tu salud. La medicina deportiva recomienda el deporte como terapia para recuperarse de afecciones importantes e incapacitantes como por ejemplo un ICTUS.

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¿Qué es un ICTUS?

Un ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, que altera la función de una determinada área del cerebro.

Estos trastornos son más frecuentes en personas de edad avanzada, aunque también pueden producirse en personas jóvenes, aparentemente sanas e incluso deportistas.
Un ictus se denomina isquémico cuando existe una disminución del riego sanguíneo. Es el tipo de accidente cerebrovascular más frecuente. Si no se soluciona rápido su consecuencia final es un infarto cerebral, en la que hay muerte celular por lo que el área afectada dejaría de funcionar. Su gravedad depende de la localización y la extensión y puede ser mortal de necesidad.
Por otra parte hablaríamos de ictus hemorrágico cuando se produce por una rotura de un vaso. Es menos frecuente pero conlleva una mortalidad más elevada.

Tras un accidente cerebrovascular pueden quedar secuelas muy variadas. Puede ser una pérdida de fuerza en las extremidades, la pérdida parcial de movimiento o una parálisis de una parte del cuerpo. En muchos casos una rehabilitación temprana puede devolver al paciente gran parte de la movilidad perdida, o al menos recuperar parte de la fuerza para conseguir una calidad de vida aceptable.

Recuperación con ayuda del deporte

El ejercicio físico moderado y regular debe formar parte de cualquier vida saludable. En pacientes que han pasado por un acontecimiento de salud de este tipo, donde sus capacidades físicas se han visto seriamente mermadas, los beneficios del ejercicio son aún mucho más importantes.
Los pacientes que una vez pasado el ictus renuevan rápidamente su actividad física consiguen:

  • Mejorar el flujo sanguíneo que unido al tratamiento médico disminuirá el riesgo de nuevos problemas circulatorios.
  • Aumentra la capacidad pulmonar y mejorar la oxigenación de los tejidos.
  • Mantener estables los niveles de glucosa y colesterol, factores de riesgo en las enfermedades cardiovasculares.
  • Mejorar la calidad del sueño, imprescindible para la recuperación física y psicológica.
  • Mantener y mejorar la masa muscular perdida por la inmovilidad y que se recupera poco a poco desde el inicio de la rehabilitación.
  • Prevenir la rigidez y el movimiento doloroso de las articulaciones y la recuperar o mejorar la amplitud del movimiento.
  • Aumentar su autoestima y proporcionar sensación de bienestar, lo que ayuda al paciente a enfrentarse con más ganas y energía al reto de recuperar la forma física y aleja el riesgo de depresión y aislamiento.

Todo el ejercicio que el paciente pueda hacer solo se debe fomentar desde el inicio. En aquellos ejercicios que no pueda realizar se le debe prestar ayuda, siempre de forma suave, rítmica, evitado movimientos bruscos o forzados, y repitiendo también el ejercicio en el lado sano, en el caso de hemiplejias o hemiparesias.

Toma nota de estos ejercicios básicos:

  • Ejercicios de extremidades superiores.

Tumbado en la cama, cruza las manos con los brazos estirados y llévalos desde el estómago hasta detrás de la cabeza.

Sentado en una silla. Coge con las dos manos un objeto en el lado derecho con los brazos extendidos. Llévalo y deposítalo en el lado izquierdo. Después haz el movimiento contrario.

En la misma posición agáchate hasta tocar con los nudillos el suelo.

Gira el tronco mientras se apoya la mano con menos fuerza en una mesa. El brazo sano extendido gira con el cuerpo y la mano afectada debe permanecer en la mesa, sin caerse.

De pie, junto a una pared, trepa con los dedos, de modo que el brazo vaya subiendo hasta quedar por encima de la cabeza. Baja de igual modo, trepando con los dedos.

  • Ejercicios de extremidades inferiores.

De pie, da un paso amplio hacia delante y flexiona la rodilla adelantada. Después hazlo hacia atrás.

Flexiona una rodilla y mantén el equilibrio. Después flexiona las dos e intenta tocar el suelo con las manos.

Sube escaleras, primero de una en una y más delante de dos en dos. Baja de igual modo.

Camina por la calle todos los días al menos 30 minutos.

Cuando no haya problemas de equilibrio, puedes intentar trotar suavemente unos minutos y después seguir caminando.

Tu médico y rehabilitador te dará las pautas a seguir y posiblemente tablas de ejercicios específicos según la afectación. Es posible que otras terapias como yoga o pilates puedan ayudarte. Pero lo más importante es que seas persistente, que tengas paciencia y luches por mantener la motivación y las ganas. El deporte se irá incorporando en tu vida de manera natural y sin él, de verdad, tu mejoría se vería francamente afectada. Tenlo en cuenta.

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