Algunas personas que han pasado meses sufriendo la COVID-19 de larga duración ven que sus síntomas desaparecen tras la vacunación. Varios estudios se han puesto en marcha para conocer mejor este fenómeno y tranquilizar al gran número de personas con COVID-19 persistente y que están dudando sobre la posibilidad de vacunarse.

Por el Dr. Pedro L. González, especialista en Medicina Preventiva y de Salud Pública y periodista científico

Un pequeño estudio publicado hace poco y que aún no ha sido sometido a revisión por pares, concluyó que las personas con síntomas a largo plazo que se vacunan, tienen más probabilidades de que sus problemas se resuelvan o no empeoren que las personas que no se han vacunado.

Otras encuestas informales y experiencias de médicos llevan algunas semanas informando en el mismo sentido. Por ejemplo, alrededor del 40% de los 577 pacientes con coronavirus prolongado con los que se puso en contacto el grupo Survivor Corps dijeron que se sentían mejor después de vacunarse.

Además, muchas personas que dudaron inicialmente en inyectarse por miedo a que la vacuna creara más estragos en sus sistemas inmunitarios, están acudiendo a las redes sociales para informar de su alegría.

Existen varias teorías que explican por qué las vacunas podrían aliviar los síntomas de la COVID-19 persistente:

  • Es posible que las vacunas eliminen los virus o fragmentos sobrantes. Se ha visto que las personas infectadas nunca eliminan completamente el coronavirus, y un reservorio viral, o fragmentos del virus, persisten en partes del cuerpo y causan inflamación y síntomas a largo plazo. Según esta explicación, la vacuna podría inducir una respuesta inmunitaria que diera al cuerpo una potencia de fuego adicional para rechazar la infección residual.
  • Podría ser que interrumpan una respuesta autoinmune perjudicial. Una vacuna podría, hipotéticamente, poner en marcha el «sistema inmunitario innato» y «amortiguar los síntomas».
  • De alguna manera, las vacunas restablecen el sistema inmunitario que podría haber quedado alterado por una respuesta excesiva a la infección.

Mujer con COVID19 en casa

El impacto de la COVID-19 persistente, a estudio

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos han puesto en marcha una iniciativa para financiar durante cuatro años proyectos que estudien las causas y, en última instancia, los medios de prevención y tratamiento de las personas que han enfermado por COVID-19, pero que no se recuperan del todo en un periodo de algunas semanas.

El NIH había estimado que entre el 10 y el 30 % de las personas infectadas por el coronavirus podían sufrir síntomas a largo plazo. Pero a finales de enero aparecían los resultados preliminares de un gran estudio que ha analizado más de 18.000 publicaciones y 47.000 pacientes para reunir el conocimiento conjunto acumulado sobre la COVID-19 persistente. Los investigadores encontraron que alrededor del 80% de los afectados por la COVID-19 sufría uno o más síntomas semanas o meses después de la infección.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan que las personas esperen a vacunarse hasta que se hayan recuperado completamente de los síntomas a corto plazo de COVID-19.

Si las dosis de vacunas locales son escasas, los CDC dicen que las personas que han tenido COVID-19 pueden retrasar temporalmente la vacunación para dar a las personas sin protección la oportunidad de vacunarse.

Fuentes: