Cada vez más aparecen alimentos que prometen numerosos beneficios gracias a sus incontables propiedades. Son los llamados superalimentos, que suelen destacar por su contenido en vitaminas o minerales. ¿Tienen base real o se trata de una estrategia comercial?

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En los últimos años, algunos tipos de alimentos como las semillas de chía, las de Goji, la quinoa, la espelta, la espirulina, el kale y otros muchos más han pasado de ser minoritarios a situarse en la primera línea de las ventas. La razón de esta popularidad son las propiedades que se les atribuyen en relación con la salud.

Son los denominados superalimentos. Pero ¿lo son realmente? ¿Existen los alimentos con “poderes”?

Qué son los superalimentos

No existe una definición exacta de lo que es o hace un superalimento, ni tampoco hay una clasificación científica para este tipo de productos. Sin embargo, sí se consideran importantes porque contienen nutrientes que proporcionan grandes cantidades de antioxidantes, vitaminas y minerales. Y, a su vez, estos nutrientes tienen, supuestamente, propiedades beneficiosas para la salud.

La mayoría de los superalimentos son de origen vegetal, aunque también se incluyen pescados y lácteos. Algunos son exóticos (bayas de Goji o espirulina), mientras que otros son de consumo más común, como el brócoli.

Según la Asociación Americana del Corazón (AHA), los llamados superalimentos no son, por sí solos, más saludables. Ningún alimento, ni siquiera uno que sea “súper”, puede ofrecernos todos los nutrientes, beneficios para la salud y energía que necesitamos para nutrirnos, señala la Harvard Medical School. Aunque añadirlos a una alimentación ya equilibrada sí puede aportar beneficios para la salud.

El uso del término superalimento es, en gran medida, una herramienta de marketing porque no hay una base científica que respalde todos los beneficios que se les atribuyen. Además, otra de las críticas recibidas por este tipo de alimentos es que tienden a valorarse los resultados a partir de niveles muy elevados de nutrientes. Pero, por lo general, no son realistas en el contexto de una alimentación normal.

Cuáles son algunos de los superalimentos

Como hemos visto, no existe una definición de superalimento, ni una lista definitiva. Cada cierto tiempo aparecen nuevos candidatos, respaldados casi siempre por una importante campaña publicitaria.

Entre los más conocidos están:

  • Pescado azul como la caballa, el salmón o el atún, propuestos por su aporte de grasos omega 3.
  • Arándanos: ricos en vitamina C. De bajo valor calórico por su escaso aporte de hidratos de carbono. Destacan por su acción antioxidante gracias a la abundancia de antocianos y carotenoides.
  • Zanahorias: destacan por su contenido en vitamina A y, en concreto, en carotenoides. También tienen una cantidad importante de hidratos de carbono.
  • Tomates: constituye una fuente importante de fibra, minerales como el potasio y vitaminas, entre las que destacan la C y la E. También tienen un alto contenido en carotenos como el licopeno.
  • Aceite de oliva: es importante como compuesto antiinflamatorio.
  • Bayas de açaí: tienen importantes propiedades antioxidantes, aunque todavía no se han confirmado los posibles beneficios para la salud, según reconoce el Consejo Europeo de Información Alimentaria (Eufic).
  • Quinoa: destaca por su elevada cantidad de proteínas, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro.
  • Semillas de chía: es interesante su aporte en grasas saludables (aunque los frutos secos también son ricos en este nutriente).

Mitos sobre los superalimentos

Los efectos fisiológicos de muchos de estos alimentos son a corto plazo, tal y como señala Eufic. Esto significa que tendrían que consumirse a menudo para obtener los beneficios. Y esto podría ser contraproducente, sobre todo en ciertos alimentos, como el cacao, cuyo consumo frecuente no solo aumentaría la ingesta de flavonoides, sino de otros nutrientes no tan recomendables.

Tampoco es realista pensar que una limitada gama de alimentos considerados “súper” mejore significativamente nuestro bienestar. Entonces, ¿qué debemos hacer con estos superalimentos? Renunciar a ellos sería un error. Pero también lo sería considerarlos como la panacea a ciertos problemas de salud, como si fueran medicamentos. Porque no lo son.

Los llamados superalimentos, como el resto de alimentos, deben incluirse como parte de una alimentación equilibrada. Recuerda que, el mejor consejo sigue siendo llevar una alimentación basada en una variedad de alimentos nutritivos, que incluya frutas y verduras. Es una de las mejores maneras de garantizar una ingesta equilibrada de nutrientes.

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Fuentes:

  • Asociación Americana del Corazón (AHA)
  • Harvard Medical School
  • Consejo Europeo de Información Alimentaria (Eufic)