Nuestros músculos pueden causarnos dolor si se contraen debido a traumatismos externos o debido a otro tipo de causas. Es lo que se conoce como contracción muscular. Conoce los beneficios e inconvenientes de usar el frío o el calor para aliviar el dolor.

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Cuando un músculo se contrae permanentemente, de forma dolorosa e involuntaria, y esa contracción no cede en situación de reposo, hablamos de contractura muscular. Puede producirse después de un traumatismo externo (por ejemplo, un choque directo sobre el muslo) o debido a causas no traumáticas (es el caso de las cefaleas tensionales, las tortícolis o los dolores lumbares).

Para tratar y aliviar el dolor de una contractura muscular, a menudo, se aconseja una terapia de calor, frío o una alternancia de ambas. Según expertos fisioterapeutas, lo recomendable es probar qué tipo de terapia va mejor (solo frío, solo calor o una combinación de los dos), ya que el cuerpo de cada persona tiene unas características diferentes. Con todo, siempre es recomendable preguntar a un médico por el uso del calor o frío en una persona con presión arterial alta o enfermedad cardíaca.

En la búsqueda de ese alivio, las contracturas musculares también pueden exigir el uso de otros recursos:

  • Un masaje de amasamiento para ayudar a los músculos a soltarse.
  • Estirar el músculo de forma suave y respetuosa.
  • Hidratarse de forma adecuada.
  • Realizar poca actividad física y no dolorosa.
  • Tomar una o dos dosis de relajantes musculares y antiinflamatorios (este como último recurso).

Que aplicar en una contractura Como ayuda el frio

Cómo ayuda el frío

Descanso, hielo, compresión y elevación suelen ser parte del tratamiento habitual para las lesiones deportivas. El frío permite reducir la inflamación y el riesgo de hinchazón y daños en los tejidos. Además, actúa como un anestésico local y adormece los tejidos doloridos. Es más efectivo dentro de las 48 horas posteriores a realizarse una lesión.

Algunas formas de usar el frío pueden ser:

  • Aplicar una compresa fría en el área inflamada durante 20 minutos, cada 4 a 6 horas, durante 3 días.
  • Sumergir o remojar en agua fría, pero no helada.
  • Masajear el área con una bolsa de hielo en un movimiento circular de 2 a 5 veces al día, durante un máximo de 5 minutos, para evitar una quemadura de hielo.

No debemos aplicar el hielo directamente sobre la piel porque puede dañar los tejidos del cuerpo. Tampoco debe aplicarse de forma directa en las partes óseas de la columna vertebral.

Además, hay ciertas situaciones en las que no es conveniente usar hielo. No hay que hacerlo si:

  • Existe riesgo de calambres (el frío puede empeorarlos).
  • La persona ya tiene frío o la zona ya está entumecida.
  • Hay una herida abierta o la piel tiene ampollas.
  • Se padece alguna enfermedad o lesión vascular en la que un trastorno nervioso afecta al flujo sanguíneo.
  • Se es hipersensible al frío.

En el caso de los dolores de espalda, el tratamiento con calor puede ser una mejor elección. Y es que habitualmente este tipo de dolor se debe a un aumento de la tensión muscular y el frío puede agravarlo.

Cómo ayuda el calor

Aplicar calor en un área inflamada dilata los vasos sanguíneos, promueve el flujo sanguíneo y ayuda a que los músculos doloridos y tensos se relajen. Habitualmente, el calor suele ser más eficaz que el frío para tratar el dolor muscular crónico o las articulaciones doloridas por la artritis. Para algunos tipos de dolor, un baño caliente puede proporcionar confort y alivio.

Se puede utilizar calor de las siguientes formas:

  • Utilizar dispositivos de calor como almohadillas eléctricas, botellas de agua caliente, compresas calientes (secas o húmedas) o envoltorios térmicos.
  • Remojar el área con dolor en un baño caliente (a una temperatura de entre 33 ºC y 37,7 ºC).

El calor debe aplicarse en la zona dolorida durante 20 minutos hasta tres veces al día.

Sin embargo, el calor también tiene sus inconvenientes y en algunos casos no es adecuado. Nunca se ha de utilizar un calor excesivo y, en concreto, cualquier lesión que ya esté caliente no se beneficiará de un mayor calentamiento, lo que incluye infecciones, quemaduras o lesiones recientes.

Además, el calor no debe utilizarse si:

  • La piel está caliente, roja o inflamada.
  • Se sufre de dermatitis o hay una herida abierta.
  • La zona está entumecida.
  • La persona puede ser insensible al calor.

Recuerda que, para evitar las contracturas musculares y cualquier otro tipo de lesión, conviene estirar antes y después del entrenamiento. Pero en caso de sufrir una contractura muscular, prueba con el frío o el calor teniendo siempre en la mente sus beneficios e inconvenientes. Ante todo, conoce tu cuerpo y, si tienes cualquier duda, siempre puedes consultar con tu médico.

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Fuentes:

  • Elsevier
  • Medical News Today