La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) promueve la ingesta de insectos por ser alimentos nutritivos y ricos en proteínas. Aunque en las sociedades occidentales su consumo puede considerarse algo desagradable, en otros lugares es muy habitual. Despejamos las dudas sobre cuáles se pueden comer, cuáles no y qué beneficios nos aportan.

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La idea de comer insectos (entomofagia) puede ser muy inquietante para la mayoría de nosotros. Sin embargo, la FAO estima que dos mil millones de personas (más de una cuarta parte de la población mundial) en África, Asia, América Central y Australia comen insectos como parte de su alimentación habitual. Y se consumen alrededor de 1.900 especies.

Precisamente, en 2014, la FAO publicaba el informe “Insectos comestibles: perspectivas futuras para la seguridad alimentaria”. En él, apostaba por este tipo de animales como una fuente accesible de alimentos nutritivos y ricos en proteínas (tantas como la carne) y animaba a su consumo, humano y animal.

En la Unión Europea, se pueden vender insectos como alimentos desde enero de 2018, cuando se reguló su consumo. La normativa cataloga a los insectos como nuevos alimentos y, por tanto, autoriza su consumo humano. Así es que gusanos, hormigas, escarabajos o incluso sapos pueden comercializarse como alimentos desde entonces y lo hacen envasados y preparados para cocinar.

Insectos más consumidos

 Según una investigación de la FAO y la Universidad de Wageningen en los Países Bajos, los insectos que más se consumen en el mundo son, por este orden, los escarabajos (31%), las orugas (18%), las abejas (14%), las avispas (14%), las hormigas (14%), las langostas y los grillos (13%) y las cigarras, las termitas, las moscas y las libélulas (10%).

Los insectos se pueden tomar enteros o incorporarlos a distintos platos como ensaladas o salsas.

  • Escarabajos: son uno de los insectos más consumidos en todo el mundo. En la mayoría de los casos se toma en la etapa larval.
  • Orugas: el contenido de proteínas varía si se comen crudas (48 %) o tostadas (57 %), al igual que ocurre con las termitas.
  • Abejas y avispas: su sabor se asemeja al de las semillas de pino.
  • Hormigas: contienen una importante cantidad de proteína y hierro. Las hormigas rojas son, además, una gran fuente de calcio. Estos insectos tienen un sabor dulce, similar a una nuez.
  • Langostas: destacan por su contenido en hierro, que varía entre los 8 y los 20 mg por kilo de peso, en función de su dieta.
  • Saltamontes: se calcula que 100 g de saltamontes contienen unos 20 g de proteínas (100 g de carne de buey contienen más de 27 g de este nutriente).
  • Grillos: además de proteína, aportan grasas insaturadas, esenciales para reducir el riesgo de enfermedades del corazón.

 

Que insectos se pueden comer Beneficios

Beneficios de comer insectos

Para la FAO, los insectos comestibles son “alimentos de alta calidad para las personas, el ganado y las aves, son sanos y nutritivos y una fuente de proteína”. 

  • Los insectos son nutritivos: contienen proteínas (aproximadamente en la misma cantidad que la carne y el pescado), vitaminas y aminoácidos de alta calidad, así como una gran cantidad de omega 3, hierro y magnesio. Los grillos tienen menos grasa, más del doble de omega 3 y mucha fibra. El valor nutricional puede variar dentro de un grupo de insectos dependiendo de la etapa de metamorfosis, el origen del insecto y su dieta. Por ejemplo, las grasas saludables se encuentran sobre todo en las fases larvarias y en las pupas.
  • Los insectos son sostenibles: los grillos necesitan seis veces menos alimento que el ganado, cuatro veces menos que las ovejas y dos veces menos que los cerdos y los pollos de engorde para producir la misma cantidad de proteína. Además, su producción implica la emisión de un 99 % menos de gases de efecto invernadero y reduce el consumo de agua, según la FAO. También, asegura, que con 2 kilos de insectos se obtiene 1 kilo de masa de insecto, mientras que para 1 kilo de carne se necesitan 8 kilos de ganado.

Por sus propiedades biológicas, a la hora de comercializar insectos deben tenerse en cuenta cuestiones sobre seguridad microbiana, toxicidad y presencia de compuestos orgánicos. Al igual que otros productos, proporcionan un entorno favorable al crecimiento microbiano (bacterias, hongos o virus).

La propuesta de comer insectos se enfrenta a varios desafíos, como conseguir convertirlos en alimentos básicos. Pero el más costoso será, con toda probabilidad, hacer frente a la aceptación general.

Mientras los insectos buscan su espacio en el mercado de la alimentación, te animamos a seguir una alimentación equilibrada con la práctica de ejercicio regular.

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Fuentes:

  • Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)
  • Universidad de Wageningen