Los medicamentos de venta libre son aquellos que pueden comprarse sin receta médica. Los hay de distintos tipos. El ibuprofeno era, hasta hace poco tiempo, uno de estos medicamentos de venta libre. Ahora, sin embargo, es necesaria la receta del médico para conseguirlo. Te explicamos qué medicamentos aún puedes conseguir sin receta.

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Seguro que más de una vez has notado una pequeña molestia en forma de dolor de cabeza, resfriado, diarrea, dolores musculares, dolores menstruales, etc. Todos trastornos leves que nos afectan en más de una ocasión. El autocuidado consiste en hacer frente, nosotros mismos y de manera responsable, a todos estos problemas transitorios con el uso de medicamentos sin receta.

Qué son los medicamentos sin receta

Los medicamentos de venta libre pueden encontrarse en farmacias y no se necesita ningún tipo de diagnóstico previo o receta médica para adquirirlos. Se someten a los mismos procedimientos de autorización que el resto, pero tienen baja toxicidad. Están indicados para prevenir, tratar y aligerar síntomas menores como dolor, fiebre, acidez de estómago, etc.

Llevan las siglas EFP (Especialidad Farmacéutica Publicitaria) en el envase precisamente porque los laboratorios pueden promocionarlos haciendo publicidad y difundiendo información al público en general. En los anuncios, al final de todo suele aparecer una pantalla de fondo azul con el mensaje: “Lea las instrucciones de este medicamento y consulte con el farmacéutico”.

Estos medicamentos no están financiados con fondos públicos (su coste lo tiene que cubrir íntegramente el cliente).

Características de los medicamentos de venta libre

Aunque los medicamentos sin receta médica no necesitan un diagnóstico ni prescripción médica, sí es necesario el consejo del farmacéutico. Como el resto de medicamentos que sí precisan receta, tienen que cumplir los mismos requisitos en cuanto a la autorización de comercialización, asegurando su eficacia, seguridad y calidad.

Los medicamentos sin receta se catalogan, de acuerdo con la clasificación Química Terapéutica Anatómica (ATC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en diez categorías:

  • Analgésicos: medicamentos para el dolor o la fiebre.
  • Laxantes: ayudan a estimular los intestinos para promover el movimiento intestinal.
  • Agentes antitrombóticos: reducen el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, un accidente cerebrovascular y una obstrucción de las arterias porque evitan que se formen coágulos de sangre (trombos) o que estos aumenten. La aspirina es un tipo de antrombótico antiplaquetario e impide que las plaquetas (células de la sangre) se agrupen y formen un coágulo.
  • Antiácidos: para tratar molestias digestivas como gases o ardor.
  • Preparaciones para la tos y el resfriado: antigripales, mucolíticos para facilitar la eliminación de los mocos y algunos medicamentos antitusivos contra la tos.
  • Antihistamínicos: para tratar síntomas de las alergias como secreción nasal, estornudos o picazón en la nariz. Suelen estar disponibles en forma de píldoras, líquidos, aerosoles nasales, geles y gotas para los ojos.
  • Dermatológicos: productos que se aplican sobre la piel como cremas y lociones para aliviar dolores musculares o irritaciones de la piel.
  • Preparaciones para la garganta: pueden administrarse aerosoles para calmar el dolor, analgésicos e incluso caramelos duros o pastillas.
  • Preparaciones nasales: medicamentos descongestivos nasales para la congestión nasal.
  • Antidiarreicos: soluciones de rehidratación oral, probióticos.

El uso de medicamentos como antibióticos y antidepresivos debe hacerse siempre bajo supervisión médica.

Que medicamentos Precauciones

Precauciones a la hora de usar medicamentos de venta libre

A pesar de sus características de baja toxicidad, deben tomarse con precaución, sin olvidar que son medicamentos. Es recomendable consultar con el profesional de la salud, que son los que nos pueden aconsejar sobre cuál es el mejor uso que podemos hacer de ellos.

Algunos consejos para usar estos medicamentos:

  • Seguir las instrucciones de la etiqueta: esta indica cómo administrar el medicamento de manera segura y la cantidad correcta. Además, enumera las advertencias e indica con qué frecuencia debe administrarse el medicamento.
  • Comprobar los ingredientes activos: son los que hacen que el fármaco funcione. Así como dos o más medicamentos recetados pueden interactuar entre sí, creando efectos secundarios adversos o no deseados, los medicamentos de venta libre también pueden cambiar la forma en que un medicamento recetado funciona en el cuerpo. Si usas dos medicamentos con los mismos ingredientes activos o similares, puede ser perjudicial.
  • Usar siempre el dispositivo de dosificación que viene con el medicamento: de esta manera te asegurarás que tomas la cantidad recomendada. No uses cucharas u otros objetos para hacerlo.
  • Consultar con el médico si hay consideraciones médicas o de estilo de vida específicos: los medicamentos de venta libre pueden interactuar con factores como la alimentación o el estilo de vida. Por ejemplo, pueden ser dañinos si interactúan con el alcohol o ciertos alimentos.

No olvides que los profesionales de la salud y los farmacéuticos están para aconsejarte y ayudarte en el autocuidado. Y recuerda siempre: “Lee las instrucciones del medicamento y consulta con el farmacéutico”.

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Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP)