Cuando realizamos ejercicio existe la posibilidad de que nos lesionemos. Puede ocurrir por falta de calentamiento, por tener una técnica inadecuada o por factores que escapan a nuestro control. ¿Sabes cuántos tipos de lesiones musculares se pueden padecer? Te explicamos las más comunes y cómo prevenirlas.

 

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¿Qué son las lesiones musculares?

 

Las lesiones musculares representan una gran parte de los traumas (lesiones o daños) en medicina deportiva.

Una de las más comunes son las distensiones musculares, causadas por un estiramiento o rotura de fibras musculares. La mayoría se producen porque el músculo se ha estirado más allá de sus límites o porque se ha visto obligado a contraerse con demasiada fuerza.

Según la Sociedad Española de Radiología Músculo-Esquelética (SERM), los músculos que suelen verse afectados más frecuentemente son:

  • Isquio tibiales (parte posterior del muslo)
  • Recto femoral anterior (parte de los cuádriceps)
  • Gemelo interno
  • Aductores (aductor mediano)
  • Rodilla (meniscos)

El riesgo de lesión muscular es especialmente elevado durante actividades deportivas de contacto, como el fútbol, o deportes que requieren acciones rápidas como el tenis o correr. También pueden aparecer tras levantar una caja pesada o bajar un bordillo.

 

Tipos de lesiones musculares

 

Las lesiones musculares se clasifican en tres grandes grupos, en función de la gravedad del daño de la fibra muscular:

  • Grado 1 (contracturas o elongaciones): la lesión es leve, solo unas pocas fibras musculares se estiran o desgarran. Aunque el músculo que se ha lesionado queda dolorido, su contracción es normal.
  • Grado 2 (rotura fibrilar parcial): el número de fibras lesionadas es mayor y el dolor muscular más intenso. Se produce una leve hinchazón, una importante pérdida de fuerza y, en ocasiones, aparece un moratón.
  • Grado 3 (rotura fibrilar total): debido a un desgarro del músculo hasta el final. Se trata de una lesión grave que causa una pérdida completa de la función muscular y un dolor e hinchazón intensos. Su recuperación suele requerir 2-3 meses, o quizás más.

 

Causas de las lesiones musculares

 

Las lesiones musculares pueden originarse por diferentes motivos:

  • Fatiga muscular
  • Calentamiento insuficiente
  • Repetición de ejercicios o sobreentrenamiento
  • Material o equipo inadecuado
  • Alimentación o hidratación inadecuadas
  • Ambientes fríos y húmedos (los músculos están más rígidos a temperaturas bajas)

 

Tratamiento de lesiones musculares

 

Tras realizar un examen sobre la lesión (actividad que ha provocado la lesión y los síntomas), el médico determina el tratamiento a seguir. En algunas ocasiones puede requerir radiografía, analítica sanguínea o ecografía de las partes blandas.

En la mayoría de los casos, se sigue el protocolo RICE que, en inglés, significa:

  • Rest (reposo): hay que evitar hacer cualquier actividad física. Mantener la zona lo más quieta posible y utilizar muletas para moverse, si la lesión se ha producido en los isquio tibiales.
  • Ice (hielo): aplicarse hielo, envuelto en una toalla (nunca directamente sobre la piel) sobre la zona lesionada 2-3 veces al día.
  • Compression (compresión): un vendaje compresivo puede reducir la inflamación y aliviar el dolor.
  • Elevation (elevación): mantener la pierna ligeramente elevada para reducir la inflamación.

Además de esto, el profesional sanitario puede recetar ibuprofeno o paracetamol para calmar el dolor. Hay que seguir las recomendaciones médicas en todo momento, puesto que un tratamiento erróneo puede posponer la cura y causar reincidencia.

 

¿Cómo prevenir lesiones?

 

La mejor manera de no lesionarse es ser precavido. Hay que tratar de evitar recaídas, seguir buenos hábitos alimenticios y descansar lo suficiente.  Asimismo, antes de practicar una actividad física debemos:

  • Calentar antes de entrenar y estirar después: el inicio y el final son claves para prevenir lesiones. En el primer caso puede que el músculo no esté del todo preparado si no se hace bien y, en el segundo caso, puede encontrarse demasiado agotado.
  • Aumentar gradualmente el entrenamiento: no inicies un programa de entrenamiento de forma rápida ni excesiva. Empieza lentamente e incrementa de manera progresiva y gradual la duración e intensidad del ejercicio.
  • Mantén un peso equilibrado: la obesidad puede estresar los músculos, sobre todo, los de las piernas y la espalda. Trata de tener un peso saludable, manteniéndote activo y alimentándote de manera equilibrada.
  • Escoge un buen calzado: las zapatillas son esenciales para evitar lesiones en el tendón de Aquiles. Si vas a correr, elige unas que te den la amortiguación adecuada y te ayuden a reducir la tensión en esta parte. Reemplaza el calzado desgastado.

Aunque habrá lesiones que no podremos evitar (algunas son fortuitas y otras son por el desgaste inevitable de los tejidos), sí está en nuestras manos minimizar el riesgo.

 

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