¿Te cuesta conciliar el sueño o te despiertas con excesiva facilidad por la noche? Cuando se producen alteraciones internas en los mecanismos del ciclo sueño-vigilia, hablamos de disomnias. Te contamos qué tipos de afecciones engloba este trastorno primario de sueño. Descubre porqué ocurren y cómo mejorar tu calidad de sueño.

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Trastornos del sueño 

El sueño es una necesidad humana básica, como comer, beber y respirar. Es un proceso biológico complejo porque, mientras dormimos, las funciones del cerebro y del resto del cuerpo están activas y realizan trabajos que ayudan a mantenernos sanos.

Si no dormimos bien o no lo hacemos las horas que nuestro cuerpo necesita, además de sentirnos cansados, nuestra salud física y mental pueden verse afectadas. Disminuye el tiempo de reacción, estamos más irritados y aumenta el riesgo de accidentes.

Los trastornos del sueño alteran los patrones normales de sueño. Pueden aparecer como consecuencia de algunas enfermedades o constituir un factor de riesgo para que surjan otras patologías.

Tipos de trastornos del sueño 

Los diferentes trastornos del sueño se agrupan en diferentes categorías en función de sus causas, el modo en el que nos afectan, las conductas, los problemas con los ciclos naturales del sueño-vigilia y las dificultades para respirar y dormir.

Las disomnias, en concreto, son un tipo de trastorno primario del sueño. Aparecen como consecuencia de alteraciones internas en los mecanismos del ciclo sueño-vigilia y se caracterizan por presentar problemas en la cantidad, calidad y horario del sueño.

 

Trastornos del sueno Son disomnias

 

Son disomnias:

  • Insomnio: tener dificultades para conciliar el sueño o quedarse despierto durante toda la noche. Durante al menos un mes, no hay un sueño reparador, con el malestar general que ello provoca. Problemas psicológicos, el síndrome de piernas inquietas o malos hábitos de sueño pueden motivar que este trastorno aparezca.
  • Hipersomnia: es una somnolencia excesiva que se alarga un mes, como mínimo. Suele aparecer en situaciones de baja actividad (leer, mirar la tele o conducir) y se puede manifestar en episodios de sueño diurno a diario. A menudo, la acompañan problemas a la hora de levantarse y puede provocar malestar general, deterioro social y laboral.
  • Narcolepsia: se trata de una somnolencia extrema durante el día. Las personas que la sufren se quedan dormidas de repente y en cualquier momento. Es un trastorno del sueño de carácter crónico y de origen neurológico. Junto con la somnolencia excesiva, también aparece la cataplejía. Al sentir una fuerte emoción (miedo o sorpresa), quien la sufre pierde fuerza muscular y se le caen la cabeza, los brazos u otras extremidades. Limita seriamente la actividad diaria debido a los ataques de sueño repetidos e incontrolables.
  • Trastornos del sueño relacionados con la respiración: se caracterizan por una alteración de la respiración durante el sueño. Se producen varias pausas respiratorias (apneas) en una hora durante la noche mientras estamos dormidos. Ello dificulta conciliar un sueño reparador, por lo que la sensación de fatiga durante el día es acusada.
  • Trastorno del ritmo circadiano: en algunas personas se produce un desajuste entre el patrón de sueño y el horario socialmente aceptable para dormir. Hablamos de trastorno cuando esto produce un malestar clínico significativo. Afecta sobre todo al momento de dormir, pero no necesariamente a la calidad ni a la cantidad de sueño.

Otro tipo de trastorno primario del sueño son las parasomnias. Son conductas anormales asociadas al sueño, a sus fases específicas y a momentos de transición sueño-vigilia. En este tipo de trastorno se incluyen las pesadillas, los terrores nocturnos o el sonambulismo. 

Tratamiento para los trastornos del sueño

Existen varias opciones:

  • Medidas de higiene del sueño: son efectivas sobre todo en el caso del trastorno del ritmo circadiano, aunque son beneficiosas en general. Se busca mantener horarios y rutinas regulares (levantarse y acostarse cada día a la misma hora), llevar a cabo buenos hábitos alimentarios (predomino de frutas y verduras), realizar algún tipo de ejercicio relajante durante el día (yoga) y propiciar un entorno adecuado para dormir (tranquilo, silencioso y oscuro).
  • Terapia psicológica individual: el objetivo es modificar los malos hábitos de sueño y los patrones irregulares de sueño-vigilia. También se trabaja el aspecto más psicológico y se aprenden técnicas de relajación.
  • Fármacos: en algunos casos se recetan hipnóticos. Tan solo deben utilizarse cuando el resto de medidas no han funcionado y siempre que el médico lo considere conveniente.

Cuando se sufren apneas durante el sueño, existen algunas medidas sencillas que pueden ayudar a evitarlas:

  • Perder peso.
  • Evitar las bebidas alcohólicas por la noche.
  • Dormir de lado.

Sin embargo, en ocasiones puede ser necesario usar la presión continua en vías aéreas (CPAP). Se trata de una mascarilla que aporta un flujo suave de aire a través de la nariz. Evita el colapso de las vías superiores.

Por último, la melatonina puede ayudar a regular los ritmos circadianos. No debe usarse como un tratamiento a largo plazo.

Acude a un especialista del sueño si crees que tienes alguno de los síntomas. Él evaluará tu estado y realizará un buen diagnóstico para un eficaz tratamiento.

“Duerme bien, vive más, vive mejor”, Sociedad Española de Sueño.

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FUENTES:

  • Asociación Española del Sueño (ASENARCO)
  • Mayo Clinic
  • Sociedad Española de Sueño (SES)