Como el COVID-19, existen otro tipo de pandemias. La tuberculosis es una ellas y la Organización Mundial de la Salud también pretende concienciar sobre la carga mundial de esta enfermedad y dar a conocer en qué situación se encuentra su prevención y control. En AXA Health Keeper nos gustaría explicarte más sobre esta desconocida enfermedad.

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La tuberculosis es una enfermedad calificada de epidemia en gran parte del mundo, al igual que el coronavirus. A pesar de que en los últimos años se ha producido una disminución general del número de personas que padecen tuberculosis, todavía sigue siendo un importante desafío de salud pública, según el Informe de vigilancia de la tuberculosis en Europa de 2019, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC).

En 1882, el doctor Robert Koch anunciaba el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis o bacilo de Koch, el Mycobacterium tuberculosis, el primer paso para diagnosticar y curar una enfermedad que en ese momento estaba arrasando en Europa y América.

Qué es la tuberculosis

La tuberculosis (TB) es una infección contagiosa causada por Mycobacterium tuberculosis. Se transmite por el aire cuando una persona con la enfermedad en los pulmones tose o estornuda y las personas cercanas respiran estas bacterias.

Como hemos visto, afecta sobre todo a los pulmones, aunque también pueden estar involucrados otros órganos y tejidos. Puede ser mortal si no se trata. Es una de las diez principales causas de muerte en todo el mundo y la creciente prevalencia de resistencia a los medicamentos la convierte en una crisis de salud pública y una amenaza para la seguridad de la salud, según la OMS.

En 2017, se registraron más de 10 millones de casos de tuberculosis, con 1,6 millones de muertes por la enfermedad en el mismo año.

La Asociación Americana del Pulmón destaca tres aspectos clave de esta enfermedad:

  • No es fácil infectarse con tuberculosis.
  • La mayoría de las personas infectadas tienen tuberculosis latente, es decir, tienen los gérmenes en su cuerpo, pero su sistema inmunológico los protege y no son contagiosos.
  • La tuberculosis se puede tratar y curar.

Tuberculosis Cuales

Cuáles son los síntomas de la tuberculosis

La tuberculosis afecta sobre todo a los pulmones, aunque también puede hacerlo en otras partes del cuerpo, incluidos los riñones, la columna vertebral y el cerebro. No todas las personas infectadas con la bacteria enferman.

  • Tuberculosis latente: puede ser que tengan la infección latente, es decir, tienen la bacteria en su cuerpo, pero no desarrollan la enfermedad y, por tanto, no tienen síntomas ni pueden transmitirla a otras personas. El sistema inmunitario impide que los gérmenes se propaguen en el cuerpo. Este tipo de tuberculosis no es contagioso. Pero la infección está y algún día puede volverse activa. Una infección latente puede tardar años en convertirse en activa, pero puede ser también que nunca lo haga.
  • Tuberculosis activa: en este caso los gérmenes sí se multiplican y causan enfermedad. Se puede transmitir a otras personas porque es contagiosa. Se calcula que el 90 % de los casos adultos de tuberculosis activa se debe a la reactivación de una infección latente. Los síntomas más comunes incluyen:
    • Tos que dura más de tres meses y no mejora.
    • Tos con sangre o esputo.
    • Dolor en el pecho.
    • Fatiga.
    • Sudores nocturnos.
    • Pérdida de apetito.

Debe tenerse en cuenta que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) debilita el sistema inmunitario, lo cual aumenta la probabilidad de que la infección latente por tuberculosis progrese hacia la enfermedad activa.

Aunque la tuberculosis puede confundirse con neumonía o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), los síntomas específicos y las pruebas disponibles hacen que sea fácil de diagnosticar.

Cómo se diagnostica la tuberculosis

Las principales pruebas que se usan para diagnosticar la tuberculosis son:

  • Una prueba cutánea: se inyecta una pequeña cantidad de una sustancia llamada tuberculina debajo de la piel del antebrazo interno. Al cabo de unas 48 a 72 horas, el médico analiza si en el brazo, en el lugar de la inyección, se ha producido una inflamación. Una protuberancia roja fuerte y elevada significa que es probable que tenga una infección de tuberculosis. Esta prueba no es perfecta, puede dar un falso positivo.
  • Análisis de sangre: esta prueba usa tecnología sofisticada para medir la reacción de su sistema inmunitario a la bacteria de la tuberculosis.
  • Prueba de imagen: tras una prueba cutánea positiva es probable que el médico ordene una radiografía de tórax o una tomografía computarizada. Esto mostrará manchas blancas en los pulmones o puede revelar cambios en los pulmones causados por la tuberculosis activa. Las tomografías computarizadas proporcionan imágenes más detalladas que las radiografías.

Cómo se trata la tuberculosis

La tuberculosis suele tratarse con medicamentos. Para la tuberculosis activa, suelen administrarse antibióticos durante 6 o 9 meses. El tipo de medicamento depende de la salud en general, de la edad, de la posible resistencia y la ubicación de la infección en el cuerpo.

En el caso de tuberculosis latente lo más probable es que el médico prescriba uno o dos tipos de medicamentos. La tuberculosis activa, en cambio, y si es una cepa resistente a los medicamentos, requerirá varios medicamentos a la vez. Los más utilizados son isoniazida, rifampicina y/o etambutol.

Es muy importante acabar el tratamiento farmacológico y no dejarlo a medias porque suspenderlo u omitir las dosis puede permitir que las bacterias que aún están activas se vuelvan resistentes.

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Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC)
  • Asociación Americana del Pulmón
  • Mayo Clinic